En uno de los
fragmentos más bellos que se nos han conservado, Anacreonte usa el verbo
compuesto ἡνιοχεύω, ‘tener por las riendas’, para referirse a la situación del ἐρόμενος, ‘amado’, que, paradójicamente, domina al ἐραστής,
‘amante’:
ὦ παῖ παρθένιον βλέπων,
δίζημαί σε, σὺ δ' οὐ κλύεις,
οὐκ εἰδὼς ὅτι τῆς ἐμῆς
ψυχῆς ἡνιοχεύεις.
Joven de mirada virgen, yo te busco pero tú no me escuchas, desconocedor de que tienes a mi alma por las riendas.
Anacr. 4
El verbo ἡνιοχεύω
aparece en la Ilíada y la Odisea en su sentido literal, pero es el
poeta lírico quien reinventa su uso en el léxico amoroso. En la literatura
latina no existe un equivalente para esta metáfora; como mucho, las habenae, ‘riendas’, pueden referirse a
la amistad, pero no al amor:
commodissimum esse quam laxissimas habenas habere amicitiae, quas vel adducas, cum velis, vel remittas;
Es preferible tener las riendas de la amistad lo más flojas posible, para poder tirar de ellas cuando quieras, o alejarlas.
Cic. Amic. 45
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