En latín, y en menor
medida en griego, el infijo –sc-
puede añadirse a algunos verbos que denotan un estado para indicar un proceso
durativo. Este fenómeno se da especialmente en verbos que indican color: así, de
albeo (‘ser blanco’), palleo (‘estar pálido') o rubeo (‘estar rojo’), se forman albesco (‘emblanquecerse’), pallesco (‘palidecer’) o rubesco (‘enrojecer’). También en griego,
γηράσκω (‘envejecer’) denota un proceso durativo, aunque el infijo -σκ- griego suele ser una simple marca de
presente que cae en el aoristo o en el futuro (así en γιγνώσκω, ‘conocer’).
En latín, algunos de estos verbos infijados admiten también preverbio, como exalbesco (‘emblanquecerse del todo,
completamente’), o un sufijo factitivo, como rubefacio (‘volver rojo algo’).
Quizás el verbo con
–sc- más conocido por los latinistas sea horresco,
que encontramos en la Eneida durante
el episodio de Laoconte:
ecce autem gemini a Tenedo tranquilla per alta
(horresco referens) immensis orbibus angues
incumbunt pelago pariterque ad litora tendunt;
Hete aquí que, desde Tenedos, dos serpientes gemelas (¡me horrorizo al contarlo!) por el mar tranquilo vienen juntas formando círculos hasta la costa.
Verg. A. 2, 203-5.
Curiosamente, las combinaciones de infijos, sufijos y preverbios no son
ilimitadas. Virido (‘ser verde’) o nigro (‘ser negro’) admiten viridesco (‘verdear’) o nigresco (‘ennegrecerse’), pero no
encontramos estas formas ni preverbadas (ex)
ni sufijadas (-facio). Por otra
parte, algunos colores carecen de verbo, como caerulus (‘azul’).
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