Ortega y Gasset hablaba de ello. Tener una idea, previa y firme, sobre qué es el trabajo, el dinero
o la libertad me ha ayudado, a mí, no sólo a analizar y entender mejor la actualidad
política, sino incluso a tomar distancia con, por ejemplo, el hecho de estar en
contratos precarios, o de no tener trabajo estable. Los marxistas hablan de ‘conciencia
de clase’, un concepto fructífero y crucial que se ha ido difuminando,
paradójicamente, entre quienes más lo necesitan (es decir, que la burguesía sí sigue
teniendo su conciencia de clase).
Quizás para
recuperarla, o para encender una pequeña llama en la misma dirección, debamos
recorrer al humor. Las primeras doce temporadas de Los Simpsons retrataban la sociedad occidental con una finura y una
ironía envidiables. Pero ahora, por un lado, las series que retratan nuestra sociedad
de forma más o menos directa lo hacen de una forma turbia y escalofriante, y
por el otro, las series de humor carecen de crítica social irónica y
estructurada.
Las temporadas viejas
de Los Simpsons nos muestran, con ironía y desde el humor, unas
ideas muy firmes sobre los temas que he listado antes: la esencia del trabajo, del
dinero o de la libertad. Homer es el trabajador alienado par excellence; el sr. Burns se da cuenta, vendiendo la central en
la tercera temporada, de que el dinero le es insuficiente si no va ligado a un
poder real y atemorizador; y Lisa, en la séptima temporada, al volverse
vegetariana pisa los límites de la libertad ajena. Etcétera.
Una de los elementos
más cruciales que han provocado el declive absoluto de Los Simpsons como serie de calidad –pues ya hay más capítulos malos
que buenos- es que se ha perdido la ironía con que se comunicaban estas cosas.
La ironía exige una distancia, un espacio para poder retratar la realidad. El
espectador es quien toma esta distancia, quien la sabe detectar e interpretar por
el hecho de ser adulto, quien sabe ver, por ejemplo en los comentarios patrióticos
y recios de Homer, una crítica social de los guionistas y escritores. El personaje
dice a, pero el mensaje de fondo es b. Un poco como en la vida misma, y quizás es
por eso que los ejercicios estéticos nos preparan, como afirmaba Nietzsche,
para el día a día. Y si van acompañados de ironía, mejor todavía.
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| Lionel Hutz en Los Simpsons |

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