Es totalmente verdadero que un cierto grado de ocio es absolutamente necesario para el desarrollo del espíritu, de las ciencias y de las artes; pero este debe ser un ocio ganado, que suceda a las sanas fatigas de un trabajo diario, un ocio justo y cuya posibilidad, dependiendo de la mayor o menor energía de la capacidad y la buena voluntad del individuo, sería socialmente igual para todo el mundo. Todo ocio privilegiado, por el contrario, lejos de fortalecer el espíritu, le enerva, le desmoraliza y le mata. Toda la historia nos lo prueba: con raras excepciones, las clases privilegiadas por fortuna o sangre han sido siempre las menos productivas espiritualmente, mientras que los grandes descubrimientos en ciencia, artes e industria, han sido hechos la mayoría de las veces por hombres que, en su juventud, han sido forzados a ganar su vida con un rudo trabajo.
5 d’oct. 2018
Un ocio ganado
Mikhail Bakunin, Catecismo revolucionario, 1869 (citado
en Ni Dios ni amo: Antología del
Anarquismo, Daniel Guérin, París, 1970, pg. 174):
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