Unos dioses semejantes
Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del
Imperio romano, Londres, 1776-1788 (trad. Carmen Francí, Barcelona, 2010,
capítulo II, pgs. 54-56):
En cuanto a los
distintos tipos de culto que prevalecían en el mundo romano, el pueblo los
consideraba igualmente ciertos; el filósofo, igualmente falsos, y el magistrado,
igualmente útiles, de modo que la tolerancia produjo no solo indulgencia mutua,
sino incluso concordia religiosa.
(...)
La fina textura de la
mitología pagana estaba tejida con materiales distintos, pero no discordantes.
(...)
Tan afable era el talante
de la Antigüedad que, en su adoración religiosa, las naciones se mostraban
menos atentas a las diferencias que a las semejanzas. Los griegos, los romanos
y los bárbaros, cuando se encontraban ante sus respectivos altares, se
convencían con facilidad de que, bajo los mismos nombres y las distintas
ceremonias, adoraban a las mismas deidades. La elegante mitología de Homero dio
una forma bella y casi armónica al politeísmo del mundo antiguo.
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| Edward Gibbon |
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