7 de nov. 2017

El número cognitivo

American Beauty (1999)

El número lingüístico –singular o plural- es una característica tan esencial de los sustantivos, adjetivos o de los pronombres que tiene, para ella sola, una marca morfológica. En castellano, como en otras lenguas románicas, esta marca es una –s final. En teoría, si el singular indica uno y sólo uno, el plural indica un número igual o superior a dos. Este número nos es desconocido si no se nos especifica, como en 1-3:

1) Las chicas bailaron muy bien anoche.
2) Mis amigos odian la tele.
3) Los bárbaros saquearon Roma.

Sin embargo, esta teoría tiene algunos fallos. Muchas veces el plural no indica un número igual o superior a dos. Indica una pura relación entre conjuntos, como en 4-6:

4) Los trabajadores de la empresa irán a la huelga.
5) Los suspendidos tendrán que examinarse en setiembre.
6) Los franceses odian Italia.

En 4), sobreentendemos que todos los trabajadores de la empresa, cualquiera que sea su número, irán a la huelga. En 5), entendemos que cualquier persona que suspenda irá a setiembre, y que ese número puede ser cero. En 6), entendemos normalmente que muchos franceses odian Italia.

Si pasamos las frases de 4-6  al singular, el sentido cambia por completo. Un solo trabajador irá a la huelga, y un solo suspendido irá a setiembre. Con 6) podríamos discutir si “el francés” se refiere a una abstracción de los franceses, o a un francés en concreto.

Otras veces sobreentendemos un número concreto, aunque la marca de plural no nos dé tanta información. Véase 7-9:

7) Los vecinos se han pasado la noche gimiendo en la cama.
8) Me pican los ojos.
9) ¿Por qué discutís?

Aquí, sobreentendemos sistemáticamente el número dos. La frase de 7) podría referirse, en teoría, a todos los vecinos del bloque, pero entendemos que son sólo una pareja en concreto. En 8), entendemos dos ojos por una cuestión semántica elemental. Y en 9), asociamos el predicado discutir como una acción realizada normalmente entre dos –similar al verbo implícito de 7), acostarse con alguien.

Lenguas como el antiguo indio o el griego clásico tenían una marca específica para el número dos. Si el singular es uno y el plural es tres o más, en griego y en sánscrito, el número dos exacto tenía una marca de dual. En griego era una –o final en la flexión nominal, y otra marca específica en los verbos.

El latín tenía dual tan sólo de forma residual. Hoy en día poquísimas lenguas lo tienen. Pero no deja de ser interesante la peculiaridad que asignábamos cognitivamente al número 2, dándole una desinencia propia que los demás números nunca tuvieron (¡y hay infinitos competidores!).

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