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| American Beauty (1999) |
El número lingüístico –singular o plural- es una característica tan esencial de los sustantivos, adjetivos o de los pronombres que tiene, para ella sola, una marca morfológica. En castellano, como en otras lenguas románicas, esta marca es una –s final. En teoría, si el singular indica uno y sólo uno, el plural indica un número igual o superior a dos. Este número nos es desconocido si no se nos especifica, como en 1-3:
1) Las
chicas bailaron muy bien anoche.
2) Mis
amigos odian la tele.
3) Los
bárbaros saquearon Roma.
Sin
embargo, esta teoría tiene algunos fallos. Muchas veces el plural no indica un
número igual o superior a dos. Indica una pura relación entre conjuntos, como
en 4-6:
4) Los
trabajadores de la empresa irán a la huelga.
5) Los
suspendidos tendrán que examinarse en setiembre.
6) Los
franceses odian Italia.
En
4), sobreentendemos que todos los
trabajadores de la empresa, cualquiera que sea su número, irán a la huelga. En
5), entendemos que cualquier persona
que suspenda irá a setiembre, y que ese número puede ser cero. En 6),
entendemos normalmente que muchos
franceses odian Italia.
Si pasamos las frases de 4-6 al singular, el sentido cambia por completo. Un solo trabajador irá a la huelga, y un solo suspendido irá a setiembre. Con 6) podríamos discutir si “el francés” se refiere a una abstracción de los franceses, o a un francés en concreto.
Si pasamos las frases de 4-6 al singular, el sentido cambia por completo. Un solo trabajador irá a la huelga, y un solo suspendido irá a setiembre. Con 6) podríamos discutir si “el francés” se refiere a una abstracción de los franceses, o a un francés en concreto.
Otras
veces sobreentendemos un número concreto, aunque la marca de plural no nos dé
tanta información. Véase 7-9:
7) Los
vecinos se han pasado la noche gimiendo en la cama.
8) Me
pican los ojos.
9) ¿Por
qué discutís?
Aquí,
sobreentendemos sistemáticamente el número dos. La frase de 7) podría
referirse, en teoría, a todos los
vecinos del bloque, pero entendemos que son sólo una pareja en concreto. En 8),
entendemos dos ojos por una cuestión
semántica elemental. Y en 9), asociamos el predicado discutir como una acción realizada normalmente entre dos –similar
al verbo implícito de 7), acostarse con
alguien.
Lenguas
como el antiguo indio o el griego clásico tenían una marca específica para el
número dos. Si el singular es uno y el plural es tres o más, en griego y en
sánscrito, el número dos exacto tenía una marca de dual. En griego era una –o final en la flexión nominal, y otra marca
específica en los verbos.
El
latín tenía dual tan sólo de forma residual. Hoy en día poquísimas lenguas
lo tienen. Pero no deja de ser interesante la peculiaridad que asignábamos cognitivamente al número 2, dándole
una desinencia propia que los demás números nunca tuvieron (¡y hay infinitos competidores!).

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