El concepto chomskiano de
'gramaticalidad' fue revelador hace ya sesenta años. Antes de él,
los lingüistas clasificaban las anormalidades lingüísticas como
'incorrecciones'. La frase "ayer hemos ido al cine" o la
palabra "cactusal" son incorrectas en castellano. Y como
éstas, muchas otras palabras o frases que, sin embargo, sí que son
gramaticales en su mayoría.
Vayamos por partes.
Chomsky empezó apuntando un "problema" al que nadie había
prestado atención antes en lingüística: el hecho de que unos
medios lingüísticos finitos dieran lugar a un número
potencialmente infinito de producciones lingüísticas. Lo llamó el
"problema de Humboldt" y lo relacionó con el innatismo: un
niño escucha muy pocas frases en su infancia en comparación con las
que será capaz de producir en su adultez. La lengua tiene unas
reglas, y los niños las deducen con una facilidad asombrosa para
aplicarlas años después sin ninguna dificultad. Estas reglas
finitas son la gramática de
una lengua.
Las
palabras o frases son interpretables dentro de su gramática o no.
'Cactusal' no aparece en ningún diccionario del español, pero es
una palabra gramatical porque la hemos formado siguiendo las reglas
fonológicas de nuestra gramática: cactus-al,
'sitio poblado de cáctuses'. Chomsky añadió que todas las
producciones o frases potencialmente infinitas de una lengua son
predecibles dada su gramática. Su teoría, el generativismo, tomó
su nombre de este último punto: todas las frases posibles de una
lengua son generadas o generables a partir de la gramática, si le
añadimos algunas reglas combinatorias o 'transformacionales'.
La
gramaticalidad opera a varios niveles. Por ejemplo, el fonético:
cuando oímos un trueno en medio de una tormenta no lo tomamos como
un sonido interpretable dentro de nuestra gramática. También en el
fonológico: cuando oímos la palabra inempleable
por primera vez, la entendemos porque sigue las reglas fonológicas
de nuestra gramática (in-emple-able),
pero eso no pasaría con la palabra (inventada) racagumba.
Y, evidentemente, también en el
sintáctico: "las niñas dormimos televisión"
es totalmente agramatical por motivos sintácticos.
El
léxico mental proporciona elementos (palabras) a la sintaxis mental,
opinan los generativistas. Pero no sólo eso: también le proporciona
información sintáctica sobre esa palabra. Con qué se puede
combinar, en qué orden de la frase suele ir, si admite marcas
morfológicas (de plural, de femenino, de tercera persona del
singular, etcétera).
Muy
recientemente, algunos biolingüistas han apuntado que la sintaxis
'congela' el léxico. Por poner un ejemplo muy llano, cuando nos
despedimos y decimos adiós no
procesamos gramaticalmente esta palabra (en el sentido en que no
entendemos 'vete con Dios'). En mi lengua materna, el catalán, este
hecho es clarísimo en palabras como siusplau ("si
os place") o expresiones como Déu n'hi do
("Dios puso de su parte en esto").
Hoy
he estado mirando la entrada de 'afasia' en un reconocido diccionario
enciclopédico de medicina. Se describen sus síntomas a un nivel
lingüístico con más o menos precisión: a veces se habla de
"letras" para decir "fonemas", y otras veces se
habla de la "incapacidad de producir partículas
y morfemas", aunque ninguna lengua románica tiene partículas
hoy en día, por lo menos no en el sentido en que son denominadas en
lingüística. Pero más allá de esto, en la mayoría de afasias
descritas hay una suposición implícita: que estas producciones son
gramaticales. Es decir, que son (más o menos) interpretables.
Y,
evidentemente, mi aportación acaba aquí. Mi total desconocimiento
sobre neurología no me permite ir más allá. Hay una idea, sin
embargo, que no me quito de la cabeza: que algunas de estas
producciones estén formadas por elementos 'congelados', es decir, privados de su información sintáctica inherente.
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