5 de nov. 2017

Impresiones sobre una 'gramática patológica'

El concepto chomskiano de 'gramaticalidad' fue revelador hace ya sesenta años. Antes de él, los lingüistas clasificaban las anormalidades lingüísticas como 'incorrecciones'. La frase "ayer hemos ido al cine" o la palabra "cactusal" son incorrectas en castellano. Y como éstas, muchas otras palabras o frases que, sin embargo, sí que son gramaticales en su mayoría.

Vayamos por partes. Chomsky empezó apuntando un "problema" al que nadie había prestado atención antes en lingüística: el hecho de que unos medios lingüísticos finitos dieran lugar a un número potencialmente infinito de producciones lingüísticas. Lo llamó el "problema de Humboldt" y lo relacionó con el innatismo: un niño escucha muy pocas frases en su infancia en comparación con las que será capaz de producir en su adultez. La lengua tiene unas reglas, y los niños las deducen con una facilidad asombrosa para aplicarlas años después sin ninguna dificultad. Estas reglas finitas son la gramática de una lengua.

Las palabras o frases son interpretables dentro de su gramática o no. 'Cactusal' no aparece en ningún diccionario del español, pero es una palabra gramatical porque la hemos formado siguiendo las reglas fonológicas de nuestra gramática: cactus-al, 'sitio poblado de cáctuses'. Chomsky añadió que todas las producciones o frases potencialmente infinitas de una lengua son predecibles dada su gramática. Su teoría, el generativismo, tomó su nombre de este último punto: todas las frases posibles de una lengua son generadas o generables a partir de la gramática, si le añadimos algunas reglas combinatorias o 'transformacionales'.

La gramaticalidad opera a varios niveles. Por ejemplo, el fonético: cuando oímos un trueno en medio de una tormenta no lo tomamos como un sonido interpretable dentro de nuestra gramática. También en el fonológico: cuando oímos la palabra inempleable por primera vez, la entendemos porque sigue las reglas fonológicas de nuestra gramática (in-emple-able), pero eso no pasaría con la palabra (inventada) racagumba. Y, evidentemente, también en el sintáctico: "las niñas dormimos televisión" es totalmente agramatical por motivos sintácticos.

El léxico mental proporciona elementos (palabras) a la sintaxis mental, opinan los generativistas. Pero no sólo eso: también le proporciona información sintáctica sobre esa palabra. Con qué se puede combinar, en qué orden de la frase suele ir, si admite marcas morfológicas (de plural, de femenino, de tercera persona del singular, etcétera).

Muy recientemente, algunos biolingüistas han apuntado que la sintaxis 'congela' el léxico. Por poner un ejemplo muy llano, cuando nos despedimos y decimos adiós no procesamos gramaticalmente esta palabra (en el sentido en que no entendemos 'vete con Dios'). En mi lengua materna, el catalán, este hecho es clarísimo en palabras como siusplau ("si os place") o expresiones como Déu n'hi do ("Dios puso de su parte en esto").

Hoy he estado mirando la entrada de 'afasia' en un reconocido diccionario enciclopédico de medicina. Se describen sus síntomas a un nivel lingüístico con más o menos precisión: a veces se habla de "letras" para decir "fonemas", y otras veces se habla de la "incapacidad de producir partículas y morfemas", aunque ninguna lengua románica tiene partículas hoy en día, por lo menos no en el sentido en que son denominadas en lingüística. Pero más allá de esto, en la mayoría de afasias descritas hay una suposición implícita: que estas producciones son gramaticales. Es decir, que son (más o menos) interpretables.

Y, evidentemente, mi aportación acaba aquí. Mi total desconocimiento sobre neurología no me permite ir más allá. Hay una idea, sin embargo, que no me quito de la cabeza: que algunas de estas producciones estén formadas por elementos 'congelados', es decir, privados de su información sintáctica inherente. 

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