![]() |
| West Side Story (1961) |
Juan y Luisa llevan cuatro años juntos. En los últimos meses algo ha empezado a ir mal, hasta tal punto que Luisa quiere cortar con él. Supongamos que tienen la siguiente conversación:
- Juan, nuestra relación no va a ninguna parte. Tenemos que separarnos.
- Pero, Luisa, ¡mira qué lejos que hemos llegado!
En las frases
pronunciadas por Luisa encontramos dos veces un mecanismo que será empleado
después por Juan. Me refiero a la metáfora, en un sentido cognitivo. El
mecanismo de la metáfora es universal: consiste en atribuir cualidades del
campo A al campo B. El campo A suele ser algo más tangible, físico y concreto
que el campo B, por lo general más abstracto. Aquí, el campo A es un viaje y el
campo B es el amor. Al concebir el amor como un viaje -o un trayecto que se
recorre entre dos personas-, su expresión lingüística da lugar a estas frases:
una relación que “no va a ninguna parte”;
dos personas que “tienen que separarse”;
Juan y Luisa, que “han llegado muy lejos”.
En Metaphors we live by (1980), el lingüista George Lakoff desarrolla
la teoría de la metáfora cognitiva y de su reflejo lingüístico. Naturalmente,
no hay metáforas cien por cien universales, pero lo que sí que es universal es
el mecanismo en si mismo. El libro en cuestión es altamente recomendable, y
además es enormemente sugerente por reintroducir en lingüística la vieja ‘hipótesis
Whorfiana’.
Whorf era un
estructuralista americano quien propuso, en los años 30 del siglo pasado, que ‘cada
lengua humana comporta una forma propia de ver el mundo’. Pocos años después de
esto, alrededor de 1950, la llegada de Noam Chomsky y el generativismo barrerían
esta sugerente idea. Chomsky insistió tanto en las similitudes (sintácticas)
entre las lenguas humanas que las diferencias entre ellas pasaron a un segundo
plano.
A partir de los años 90
del siglo pasado, la lingüística sufrió un nuevo giro con los partidarios y
fundadores del cognitivismo, que en su mayoría eran antiguos generativistas ‘escindidos’
de su primer enfoque. Y la hipótesis de Whorf volvió a estar sobre la mesa,
pero, añadiría yo, de una forma invertida: primero pensamos, y luego hablamos.
Es decir, puesto que concebimos el
amor como un viaje, esto da lugar a una serie de asociaciones lingüísticas inconscientes,
y no al revés.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.