8 d’abr. 2019

El arte de la paciencia

Agradezco sobre todo dos cosas a haber aprendido las lenguas clásicas: poder leer literatura antigua en su lengua original, y haber adquirido el arte de la paciencia. Aprender latín y griego fue duro, mucho más duro que aprender inglés o francés: su riquísima morfología –reconocible, en el caso del latín, tan sólo de una forma remota en castellano y catalán-, su sintaxis única y sui generis –las lenguas romances la han cambiado de raíz, respecto al latín, y el griego moderno está sintácticamente muy balcanizado, respecto al clásico-, su léxico inacabable o las dificultades particulares de cada autor me trajeron muchísimos quebraderos de cabeza en los primeros tres años de carrera. Si no eres filólogo clásico, pero has cursado latín y griego en bachillerato, te has llevado una impresión equivocada del latín y del griego: has tratado con ellos sólo de una forma anestésica y artificial, controlada y adaptada. El latín y el griego, y sus respectivos autores, son artefactos francamente difíciles de manejar cuando se los toma directamente y en su hábitat natural e indomado: en los textos clásicos.

Interiorizar los participios griegos o la pasiva latina me llevó mi digestión intelectual particular. Y eso me ayudó a comprender bien el viejo dicho griego: ‘las cosas que valen la pena cuestan’ (χαλεπὰ τὰ καλά, chalepá ta kalá), y a cultivar una humildad intelectual, una pasión por ir paso a paso y por el trabajo bien hecho. A otro, esto se lo habrán enseñado el arte de la costura, la astronomía o reparar relojes antiguos. Sea cual sea tu caso, estemos orgullosos de haber aprendido la humildad.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.