2 d’abr. 2019

La vía humana

Doctor en Alaska
Recuerdo una conversación que tuve con mi médico de cabecera hace ya unos años. Cuando le comenté que estaba estudiando clásicas, él me dijo que su hijo estaba cursando una señora ingeniería. «Pero al final», sentenció, «todo depende de tu plan de vida. Hay quien tiene claro que quiere trabajar tranquilamente en un pueblo hasta jubilarse». Naturalmente, quien habiendo cursado medicina –y pudiendo ser cirujano- se acaba dedicando a la medicina de familia, como era su caso, entiende y apoya esta opción. En aquel momento yo no me planteaba nada de esto: no me matriculé en clásicas con mi vida laboral in mente. Pero poco a poco el tema ha ido surgiendo, a la fuerza.

Con mi nota de selectividad podría haberme matriculado en derecho cómodamente. Y con mi nota de expediente en la carrera podría haber hecho el doctorado, también cómodamente. Pero las decisiones que tomamos, y que nos van dando una sustancia muy personal a cada uno, me empujaron a la vía docente de las lenguas clásicas. Al principio yo partía de una premisa equivocada: que en esta esfera también se me valoraría, ante todo, académicamente. Y que, como podría haber hecho derecho y como podría haber hecho el doctorado cómodamente, en este otro mundo esto se me tendría en cuenta. Aunque no sabía cómo ni por qué.

Naturalmente, el mundo laboral va por otros derroteros. Adaptarse a él, y al inevitable trato con seres humanos que conlleva, es lo que he llamado “la vía humana”. Es un proceso de bajar desde las altas esferas académicas en las que uno ha sido formado hacia un sustrato más terrenal. Es aprender a valorar otras cosas aparte del conocimiento per se o del éxito reconocido. Me refiero sobre todo a valorar el trato humano, aún cuando no salga siempre del todo bien.

Hace poco me he hecho con la serie completa de ‘Doctor en Alaska’ (Northern Exposure). Los primeros capítulos, que estoy visualizando estos días, ilustran bien este camino: el de recuperar los motivos, humanizantes y originales, que nos motivaron a estudiar. El protagonista de la serie es un médico judío de Nueva York que acaba destinado a lo que él considera ser un pueblucho perdido de la mano de Dios. Y parte de la serie es la historia de su adaptación a este medio rural. Al final, tanto la historia de la serie, como la mía, como probablemente la de mi médico de cabecera, es una historia de apreciar y cultivar la propia humildad.

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