27 d’oct. 2017

Christopher (continuación)


Herramientas de la Edad de Bronce

Mi entrada El autismo y las lenguas cíclope ya acumula más de 300 visitas. Al final del escrito había prometido dar mi opinión sobre el experimento en cuestión. Intentaré formularla y justificarla en las líneas que siguen. Recomiendo, antes que nada, leer la primera entrada antes de ésta para saber de qué va el tema.

En esencia, mis objeciones como lingüista “retirado” al experimento de Christopher son personales y subjetivas. Quiero dejar claro que esto no es un artículo académico ni científico. Es solamente mi opinión.

Esta opinión mía puede resumirse en una frase: dicho experimento da un salto ilícito. Veamos.

La idea de la “gramática universal” fue muy revolucionaria hace décadas. En Aspects of the Theory of Syntax (1965), Chomsky formuló que caracterizarla mediante el estudio de las lenguas humanas era la tarea primordial de la lingüística. Los lingüistas lo hicieron, desde los años sesenta hasta finales de los años noventa del siglo pasado, con gran éxito. Documentaron casi todas las lenguas del mundo y ajustaron su funcionamiento (sintáctico) a los paradigmas teóricos del generativismo. Sin embargo, es remarcable observar cómo los generativistas han “adelgazado” muchísimo su gramática universal en menos de treinta años.

No es fácil encontrar principios generales para todas las lenguas del mundo. Más aún: no es fácil hacerlo partiendo de las lenguas. Hoy en día, la idea que había tras la gramática universal ya no es revolucionaria. La mayoría de lingüistas están de acuerdo hoy en que las lenguas humanas tienen puntos en común. En lo que muchos ya no están tan de acuerdo es en cómo se deben estudiar y analizar esos puntos en común, y de dónde se debe partir para encontrarlos.

Si la gramática universal es un hecho biológico, su caracterización y explicación no pueden ser lingüísticas. Hay una diferencia entre estudiar algo de manera formal y que ese ‘algo’ sea formal. En mi incendiaria opinión, la lingüística como disciplina autónoma e independiente o se replantea y ‘acota’ o acabará en el cajón de la etología, de la frenología y de la alquimia.

Supongamos que el lenguaje es biológico. Supongamos que las lenguas son culturales. Supongamos que hay una conexión entre la biología y la cultura. Supongamos que la gramática universal es esa conexión. Esos ‘principios y parámetros’ universales con existencia biológica... ¿se explican partiendo de la biología?

No. Se explican partiendo del análisis sintáctico de todas las lenguas del mundo. De esta manera, estas propiedades no tienen entidad biológica. Tienen entidad ‘cultural’ o ‘lingüística’. Como mucho, son un reflejo cultural de algo biológico. Algo biológico que los lingüistas no se molestan en investigar.

Supongamos que los dedos son biológicos. Supongamos que las herramientas son culturales. Supongamos que hay una conexión entre la biología y la cultura. Supongamos que las propiedades de un arco, un bastón o una taza (la ‘herramienta universal’) es esa conexión. Esos ‘principios y parámetros’ que siguen todas las herramientas documentadas... ¿tienen entidad biológica?

A mí me parece evidente que no. Como mucho, podemos decir que esas propiedades se adaptan a nuestro pulgar, al tamaño de nuestra mano, etcétera. No que son reales.

Más adelante, si el trabajo me lo permite, explicaré algún otro experimento o teoría lingüística que sí que merece mi total aprobación. Estén atentos a sus pantallas.

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