17 d’oct. 2017

Platón, Homero y el hip hop

Uno de los libros que más me impresionó leer en la carrera fue Prefacio a Platón (1963) de Eric Alfred Havelock. Un ensayo maldito por muchos filólogos y alabado por los críticos literarios, los antropólogos y los filósofos. Creo que sólo por esto ya merece la pena tenerlo en cuenta.

Havelock era profesor de griego clásico en Harvard y desarrolló la idea de que la escritura y la paulatina alfabetización de la Grecia clásica dieron lugar a un cambio radical en el pensamiento griego. Este cambio llegaría a su máximo esplendor con Platón, el gran prosista griego de época clásica cuyo pensamiento se opondría diametralmente al modus vivendi de los griegos de la época arcaica. Si Platón escribe, los griegos arcaicos memorizaban. Su cultura era mayormente oral y la
Havelock
escritura era una tecnología usada sobre todo por especialistas, para ellos. La época clásica cambiaría eso extendiendo la escritura a más gente, y en ello Havelock encontró la razón de que Platón quisiera expulsar a los poetas homéricos de su ciudad-estado ideal. Platón defendía el ejercicio de la filosofía y de la razón, y los poetas homéricos hacían... bueno, vayamos por partes.

Havelock no partía de cero. Su universidad se especializó rápidamente y desde principios de siglo XX en estudiar la poesía oral griega, es decir, los poemas homéricos. Helenistas como Millman Parry o Albert Lord dieron un giro copernicano a la llamada “cuestión homérica” – esencialmente, la pregunta por la autoría de la Ilíada y la Odisea- al argumentar que dicha cuestión estaba mal formulada. Veamos.

En una sociedad oral, que considera la escritura y el alfabeto como algo propio de los especialistas, el concepto de autoría es discutible. Nada tiene copyright. El copyright se hace en base a un solo texto. Varios textos conllevan varios derechos de autor. Lord y Parry argumentaron que la Ilíada que nos ha llegado actualmente es tan sólo una de las posibles ilíadas. Que los poemas épicos se cantaban distintamente a cada momento de recitación. Los esquemas rítmicos y los contenidos, el argumento, se mantenían, pero no así las palabras concretas con las que se iba tejiendo el texto. En una sociedad oral, con obras literarias orales, no tiene ningún sentido preguntar por la autoría de un texto. El texto o no existe o cambia cada vez que se pronuncia.

La alfabetización y la popularización de la escritura cambiarían eso. Un texto escrito es un texto fijado, instaurado y, en principio, no modificable. Para entendernos, es como una canción grabada en estudio.

Como decía, los poemas homéricos se improvisaban a cada momento de recitación teniendo en cuenta dos cosas: el ritmo (el hexámetro dactílico) y el contenido de cada canto. Parry documentó bardos en directo en Yugoslavia que también hacían exactamente esto. Lord demostró analíticamente que las repeticiones en Homero (adjetivos, fórmulas preestablecidas, conectores...) eran una especie de coletilla que el poeta –fuese quien fuese- usaba para encadenar el ritmo. Un rapero o un músico de jazz hacen exactamente eso: improvisan, pero nunca se improvisa desde cero. Hay una base que respetar y hay que tener ases en la manga, coletillas que te saquen del apuro.

A mi entender, la idea nuclear de Havelock es que Platón criticaba a los rapsodas porque se limitaban a imitar, a reproducir –con variaciones- una obra. En cambio, el filósofo griego pedía pensar y usar la razón a sus compañeros atenienses. La escritura le ayudó muchísimo, hasta el punto que nos ha moldeado a todos dos mil años después. Tanto que nos cuesta mucho desprendernos de nuestros conceptos alfabetizados para entender la Grecia arcaica. Menos mal que Havelock nos ayuda siempre...

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.