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| Morning Sun, Edward Hopper |
El reflejo lingüístico
de los estados psicológicos (triste, enamorado, contento...) presenta un grado
de unanimidad considerable en todas las lenguas del mundo. Veamos algunos
ejemplos ingleses:
1 - He
went mad
2 - Laura
fell in love with John
3 - I
fell into depression
En estos tres casos, el
estado psicológico va acompañado de un verbo de movimiento, metafórico o real.
El estado (loco, enamorado, deprimido)
nos lo indica un nombre o un adjetivo, y la relación entre ese estado y el
sujeto, un verbo intransitivo (go, fall).
Precisamente, uno de
los descubrimientos más fructíferos de la lingüística moderna es el de la
distinción entre verbos intransitivos. Un verbo transitivo requiere un
complemento directo (yo como manzanas),
y un verbo intransitivo no lo requiere (yo
sonrío). Pero este segundo grupo presenta algunas diferencias sutiles entre
sus integrantes.
Verbos intransitivos
como nacer, morir, sonreír o florecer se comportan de forma distinta
a otros como bailar, llorar, gritar o
caminar. El segundo grupo admite
objeto directo interno o ‘repetido’ (bailar
un buen baile, caminar un largo camino); el primero no. El primer grupo admite construcciones
absolutas (muerto el perro, se acabó la
rabia); el segundo no (*bailados los
jóvenes, se fueron a casa). En
lenguas como el francés o el italiano, el primer grupo requiere el auxiliar être/essere en el tiempo pasado; el
segundo requiere el auxiliar avoir/avere.
En las lenguas amerindias que permiten incorporar morfológicamente los
complementos al verbo (yo ‘escalerascamino’),
esto sólo es posible con el segundo grupo.
Los integrantes del
primer grupo reciben el nombre de ‘inacusativos’, y los del segundo el de ‘inergativos’.
Las diferencias sintácticas y semánticas entre ellos son casi universales.
Y, de hecho, la
principal diferencia entre ambos es que en el primer grupo el sujeto es el
afectado por la acción del verbo, y en el segundo no. En lingüística, decimos
que los primeros son verbos no-agentivos. Los estados psicológicos se reflejan,
lingüísticamente, con los verbos inacusativos del primer grupo, es decir, que
no son nunca agentivos. La acción del verbo recae sobre el sujeto; el agente o
‘sujeto nocional’ suele ser desconocido. De alguna forma, es como si tuviéramos
la noción “innata” de que los estados psicológicos no los producimos nosotros
de forma voluntaria. Por lo menos, las lenguas humanas así lo reflejan.

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