31 d’oct. 2017

Lenguas y estados mentales

Morning Sun, Edward Hopper
El reflejo lingüístico de los estados psicológicos (triste, enamorado, contento...) presenta un grado de unanimidad considerable en todas las lenguas del mundo. Veamos algunos ejemplos ingleses:

1 - He went mad
2 - Laura fell in love with John
3 - I fell into depression

En estos tres casos, el estado psicológico va acompañado de un verbo de movimiento, metafórico o real. El estado (loco, enamorado, deprimido) nos lo indica un nombre o un adjetivo, y la relación entre ese estado y el sujeto, un verbo intransitivo (go, fall).

Precisamente, uno de los descubrimientos más fructíferos de la lingüística moderna es el de la distinción entre verbos intransitivos. Un verbo transitivo requiere un complemento directo (yo como manzanas), y un verbo intransitivo no lo requiere (yo sonrío). Pero este segundo grupo presenta algunas diferencias sutiles entre sus integrantes.

Verbos intransitivos como nacer, morir, sonreír o florecer se comportan de forma distinta a otros como bailar, llorar, gritar o caminar. El segundo grupo admite objeto directo interno o ‘repetido’ (bailar un buen baile, caminar un largo camino); el primero no. El primer grupo admite construcciones absolutas (muerto el perro, se acabó la rabia); el segundo no (*bailados los jóvenes, se fueron a casa). En lenguas como el francés o el italiano, el primer grupo requiere el auxiliar être/essere en el tiempo pasado; el segundo requiere el auxiliar avoir/avere. En las lenguas amerindias que permiten incorporar morfológicamente los complementos al verbo (yo ‘escalerascamino’), esto sólo es posible con el segundo grupo.

Los integrantes del primer grupo reciben el nombre de ‘inacusativos’, y los del segundo el de ‘inergativos’. Las diferencias sintácticas y semánticas entre ellos son casi universales.

Y, de hecho, la principal diferencia entre ambos es que en el primer grupo el sujeto es el afectado por la acción del verbo, y en el segundo no. En lingüística, decimos que los primeros son verbos no-agentivos. Los estados psicológicos se reflejan, lingüísticamente, con los verbos inacusativos del primer grupo, es decir, que no son nunca agentivos. La acción del verbo recae sobre el sujeto; el agente o ‘sujeto nocional’ suele ser desconocido. De alguna forma, es como si tuviéramos la noción “innata” de que los estados psicológicos no los producimos nosotros de forma voluntaria. Por lo menos, las lenguas humanas así lo reflejan. 

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