20 oct. 2017

El autismo y las ‘lenguas cíclope’

Esqueleto de Brontosaurio

Christopher era un varón británico que padecía autismo. Permanecía recluido en un centro y desarrolló una facilidad asombrosa para aprender lenguas extranjeras. A sus 31 años, Christopher era competente en dieciséis lenguas además del inglés, su lengua materna. En 1993, unos lingüistas hicieron un experimento con él ayudados por psicólogos.

Los lingüistas en cuestión eran generativistas. Es decir, se enmarcaban en la corriente teórica promulgada por Noam Chomsky y reformulada a lo largo de los años bajo distintos paradigmas. En esencia, el generativismo defiende la existencia de un componente innato en las lenguas humanas y de unas propiedades comunes a todas las lenguas del mundo, incluidas las lenguas de signos. Estas propiedades comunes, por lo general pertenecientes al ámbito de la sintaxis, son denominadas todavía en la actualidad con el tecnicismo de “Gramática universal” por los generativistas.

La idea de la gramática universal es muy atractiva. Con ella se explica, por ejemplo, por qué la adquisición del lenguaje en los niños se da siempre en unas mismas fases y en un período idéntico de tiempo, sin importar qué lengua esté adquiriendo el niño. La gramática universal maximiza las similitudes entre lenguas y minimiza sus diferencias.

Estas diferencias no eran obviadas por los generativistas. De hecho, el paradigma teórico del generativismo en 1993 era el llamado “Principios y Parámetros”. Según este paradigma, las lenguas humanas siguen unos principios universales y unos parámetros que pueden ser operativos o no en una lengua concreta. Por ejemplo, lenguas como el inglés o el francés ponen siempre el sujeto en sus oraciones; el castellano o el griego moderno, en cambio, no están obligadas a ello. Para los generativistas, esto es un parámetro –el llamado “parámetro de sujeto nulo”. Todas las lenguas del mundo, sin importar su filiación histórica, tienen activado o desactivado este parámetro.

Las relaciones entre parámetros, entre principios y entre principios y parámetros son interesantes de observar. Recientemente, algunos lingüistas han recuperado las ideas del biólogo Richard Owen para ello. Owen desarrolló, en el siglo XIX, la idea de que ciertas cualidades esenciales de los seres vivos determinan sus estructuras. Por ejemplo, los animales vertebrados son siempre simétricos, y los invertebrados son siempre radiales. De esta forma, un cíclope es un animal biológicamente imposible. Ningún vertebrado es asimétrico.

El lenguaje humano es una facultad cognitiva más de las personas. Podríamos decir que es producto de la evolución, igual que nuestros dedos o nuestro hígado. La lengua concreta con que se exprese es lo de menos: el castellano o el inglés son productos culturales, pero si sólo los homines sapientes podemos hablar, debe haber algo biológico en ello. Más aún: debe haber alguna conexión entre el lenguaje (en un sentido biológico) y la lengua en concreto (en un sentido cultural).

En 1993, los lingüistas que visitaron a Christopher se habían inventado una lengua artificial. Una lengua sólo para que Christopher la aprendiera. Le dieron diccionarios, gramáticas y ejercicios para ello. Esta lengua, naturalmente, tenía una lógica interna, pero violaba algunos principios y parámetros de la gramática universal. Para entendernos, era una ‘lengua cíclope’. Según los lingüistas que condujeron la prueba, Christopher nunca la aprendió. Le pareció imposible, y a los lingüistas les pareció una prueba irrefutable de que el generativismo estaba en lo cierto: la gramática universal existe en un sentido biológico.

P.S. El experimento de Christopher es muy citado por los generativistas todavía hoy. A mí no me convence para nada, pero explicar por qué ya sería otra entrada distinta. Lo dejamos para más adelante.

EDITADO: Continuación de la entrada aquí.

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