![]() |
| Esqueleto de Brontosaurio |
Christopher era un varón británico que padecía autismo. Permanecía recluido en un centro y desarrolló una facilidad asombrosa para aprender lenguas extranjeras. A sus 31 años, Christopher era competente en dieciséis lenguas además del inglés, su lengua materna. En 1993, unos lingüistas hicieron un experimento con él ayudados por psicólogos.
Los lingüistas en cuestión
eran generativistas. Es decir, se enmarcaban en la corriente teórica promulgada
por Noam Chomsky y reformulada a lo largo de los años bajo distintos
paradigmas. En esencia, el generativismo defiende la existencia de un componente
innato en las lenguas humanas y de unas propiedades comunes a todas las lenguas
del mundo, incluidas las lenguas de signos. Estas propiedades comunes, por lo
general pertenecientes al ámbito de la sintaxis, son denominadas todavía en la
actualidad con el tecnicismo de “Gramática universal” por los generativistas.
La idea de la gramática
universal es muy atractiva. Con ella se explica, por ejemplo, por qué la adquisición
del lenguaje en los niños se da siempre en unas mismas fases y en un período
idéntico de tiempo, sin importar qué lengua esté adquiriendo el niño. La
gramática universal maximiza las similitudes entre lenguas y minimiza sus diferencias.
Estas diferencias no
eran obviadas por los generativistas. De hecho, el paradigma teórico del
generativismo en 1993 era el llamado “Principios y Parámetros”. Según este
paradigma, las lenguas humanas siguen unos principios universales y unos
parámetros que pueden ser operativos o no en una lengua concreta. Por ejemplo,
lenguas como el inglés o el francés ponen siempre el sujeto en sus oraciones;
el castellano o el griego moderno, en cambio, no están obligadas a ello. Para
los generativistas, esto es un parámetro –el llamado “parámetro de sujeto nulo”.
Todas las lenguas del mundo, sin importar su filiación histórica, tienen
activado o desactivado este parámetro.
Las relaciones entre
parámetros, entre principios y entre principios y parámetros son interesantes
de observar. Recientemente, algunos lingüistas han recuperado las ideas del
biólogo Richard Owen para ello. Owen desarrolló, en el siglo XIX, la idea de
que ciertas cualidades esenciales de los seres vivos determinan sus
estructuras. Por ejemplo, los animales vertebrados son siempre simétricos, y
los invertebrados son siempre radiales. De esta forma, un cíclope es un animal
biológicamente imposible. Ningún vertebrado es asimétrico.
El lenguaje humano es
una facultad cognitiva más de las personas. Podríamos decir que es producto de
la evolución, igual que nuestros dedos o nuestro hígado. La lengua concreta con
que se exprese es lo de menos: el castellano o el inglés son productos culturales, pero si sólo los homines sapientes podemos hablar, debe
haber algo biológico en ello. Más aún: debe haber alguna conexión entre el
lenguaje (en un sentido biológico) y la lengua en concreto (en un sentido
cultural).
En 1993, los lingüistas
que visitaron a Christopher se habían inventado una lengua artificial. Una
lengua sólo para que Christopher la aprendiera. Le dieron diccionarios,
gramáticas y ejercicios para ello. Esta lengua, naturalmente, tenía una lógica
interna, pero violaba algunos principios y parámetros de la gramática
universal. Para entendernos, era una ‘lengua cíclope’. Según los lingüistas que
condujeron la prueba, Christopher nunca la aprendió. Le pareció imposible, y a
los lingüistas les pareció una prueba irrefutable de que el generativismo
estaba en lo cierto: la gramática universal existe
en un sentido biológico.
P.S. El experimento de
Christopher es muy citado por los generativistas todavía hoy. A mí no me
convence para nada, pero explicar por qué ya sería otra entrada distinta. Lo
dejamos para más adelante.
EDITADO: Continuación de la entrada aquí.
EDITADO: Continuación de la entrada aquí.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.