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| Bob Esponja |
Wittgenstein afirmaba
en sus Investigaciones filosóficas (1953)
que “si un león pudiera hablar no lo
entenderíamos”. La idea tras esta enigmática afirmación era poner de
manifiesto hasta qué punto un león percibe el mundo de una forma distinta a la
nuestra. Si nuestra habla viene condicionada por nuestra forma de ver el mundo,
la comunicación entre dos seres con visiones muy distintas del mundo es
imposible.
Realmente, un león es
un muy mal ejemplo. Wittgenstein no era ni biólogo ni lingüista, así que no
podía saber que la forma de percibir la realidad de un león no es tan distinta
a la de un ser humano. Entre otras cosas, porque un león también es un ser
vertebrado y mamífero.
Supongamos que quien hablara
fuese un pulpo. Un pulpo es un ser invertebrado y cefalópodo. Esto marca una
diferencia notable a nivel cognitivo. Nosotros, seres vertebrados y mamíferos,
nos hemos perdido conduciendo por la autopista marítima, y un amable pulpo se
dispone a darnos indicaciones para llegar a nuestro destino.
El lingüista Leonard
Talmy ha argumentado que la forma de expresar el espacio lingüísticamente viene
condicionada por nuestra cognición visual vertebrada. Cuando miramos –cuando fijamos la atención
visual en un solo punto- atribuimos diversas categorías al espacio:
distinguimos un Fondo estático, y una Figura dinámica o estática sobre la que
fijamos la atención. Las relaciones entre el Fondo y la Figura son, entre
otras, el Movimiento simple (moverse
o quedarse quieto), el Trayecto (la
forma de ese movimiento: subir, bajar,
salir, entrar, atravesar, rodear...) o el Evento de soporte (la manera de
ese movimiento: corriendo, saltando,
bailando...).
Las lenguas humanas codifican
lingüísticamente estos elementos en diferentes categorías léxicas (verbos,
nombres, participios...). De hecho, hay dos ‘tendencias’ al respecto: codificar
el Trayecto en el verbo (e.g., El chico salió
del supermercado) o codificarlo en un satélite (e.g., The boy went out from the supermarket). El chico y el
supermercado serían, respectivamente, Figura y Fondo.
Desconozco cómo mira un pulpo. Pero si hablara, su
codificación lingüística del espacio como invertebrado sería muy distinta a la
nuestra. Creo, para nuestra desgracia, que no conseguiríamos salir de la
autopista marítima con éxito.

¡Exacto! Y ese espacio condiciona luego lo temporal, incluso lo abstracto. El lenguaje está plagado -yo me inclino ya más bien a pensar que 'fundado'- en metáforas de toda clase que parten de ese condicionamiento físico. Todo esto está en un libro que confieso que no terminé de leer pero que ayudó a sistematizar un poco hasta donde lo leí el asunto de las metáforas en la lengua, cosa hasta ahora sólo intuida por mi interés en la etimología. No sé si lo conoces, te lo recomiendo si no es así: https://www.casadellibro.com/libro-metaforas-de-la-vida-cotidiana/9788437636672/5201411
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