11 de febr. 2018

El opio del pueblo



Karl Marx no había visto nada aún”, afirmaban Calvin y Hobbes sobre el ‘opio del pueblo’ y refiriéndose a la televisión. Yo añado: Calvin y Hobbes tampoco no habían visto nada aún. Que se hubiesen esperado a ver instagram o youtube.

A mí me encanta Marx. Es de los autores que más me han hecho pensar a lo largo de la vida. Quienes simpatizan con él suelen decirme que yo no soy marxista, pero quienes lo detestan me llaman marxista en seguida. En este sentido no sé cómo situarme. Digamos que compro el análisis materialista con la certeza in mente de que el materialismo no lo explica todo.

Hace poco leía una reflexión interesante. El marxismo es una de las corrientes teóricas con más tendencia a generalizar y a abstraer los grupos sociales y, por extensión, humanos. Se habla de ‘la burguesía’ o ‘del proletariado’ como entidades autónomas. Pero yo tiendo a pensar que a un nivel ético no tiene sentido hablar del Hombre (tampoco de la Burguesía o del Proletariado). De lo único que tiene sentido hablar es de los hombres, de los burgueses o de los proletarios, insisto, siempre que nos refiramos a la ética.  Me resulta difícil atribuir cualidades volitivas o responsables a una entidad abstracta.

Los analistas marxistas lo hacen con frecuencia. Por eso son deterministas. Yo creo en la libertad de los hombres –coartada en gran parte, eso sí, por las condiciones materiales-, y sobre todo creo en que debe cultivarse dicha libertad. No me refiero a las acciones, sino a un a prori para poder actuar. Me refiero a pensar, a la libertad de pensamiento.

Un concepto que nadie defiende, pero que es obligatorio para defender luego, por ejemplo, la libertad de expresión. La Universidad de Salamanca tiene un lema en latín: ‘Quod natura non dat, Salamantica non praestat’ (“Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo ofrece”). Y Gómez Dávila tenía aquella sensacional frase que decía “Hay un analfabetismo del alma que ningún diploma cura” (Escolios a un Texto Implicito, 1977, II, 469). Las dos frases van en la misma dirección y son muy poco materialistas. Nos hablan del deber a ejercer el pensamiento, seas de la clase social que seas.

Un materialista (no tiene por qué ser marxista) puede hablar de conceptos como ‘capital cultural’ y relacionarlo con el ‘capital económico’. Y puede que estadísticamente tenga razón: los ricos estudian más, tienen más acceso a la cultura, más conocimientos técnicos, etcétera. Pero el siguiente paso (¡ay!) es erróneo: atribuyendo cualidades humanas a una entidad abstracta, generalizar y obviar , por ejemplo, cuántas personas de este grupo ejercen realmente su pensamiento o su criterio.

Insisto: existen hombres, no el Hombre. Salamanca y Gómez Dávila lo vieron con claridad: por más dinero, medios, recursos, padres educados y títulos de Máster que ostentes, tienes el deber de cultivarte. Si no, la diferencia entre tú y una oveja se limitará a dos factores: la biología y el capital económico. Y quien piense que estos dos factores lo explican todo y no hace falta ir más allá, o bien no me ha entendido o bien no será bien recibido en Salamanca.

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