Henry David Thoreau, Walden, 1854 (trad. Marcos Nava García, 2017,
Madrid, pg. 30):
La mayoría de los hombres, incluso en este país relativamente libre, por mera ignorancia y error, está tan preocupada con los cuidados facticios y las tareas rudas pero superfluas de la vida que no puede recoger sus mejores frutos. Sus dedos, de tanto trabajar, son en exceso zafios y tiemblan demasiado para ello. En realidad, el hombre trabajador y esforzado carece de tiempo libre para desarrollar una vida cotidiana íntegra y propia, ni siquiera puede mantener las relaciones más viriles con otros hombres, pues su trabajo se depreciaría en el mercado. No tiene tiempo de ser otra cosa que una máquina.
Cf. Walter Burkert, Creation of the Sacred: Tracks of Biology in
Early Religion, 1996 (Harvard University Press, pgs. 3-4, mi traducción):
Por encima de todo hay similitudes básicas en todas las formas de la cultura humana, en tanto que en todas partes la gente come, bebe y defeca, trabaja y duerme, disfruta del sexo y procrea, enferma y muere. No hay objeción alguna en el carácter general o biológico de estos procesos. Los antropólogos culturales dirán que son triviales: son sólo las elaboraciones y diferencias culturales que hacen estos fenómenos interesantes de alguna forma. Pero están ahí.
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| Jean François Millet, El Ángelus |

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