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| La recursividad en un disco de Pink Floyd |
Los únicos animales que
hablan somos nosotros, los seres humanos. Uno puede comunicarse con su perro
(incluso mediante palabras), con un delfín o con un gato, pero consideramos que
hablar es una propiedad exclusiva del
homo sapiens. El por qué de ello nos
lleva a la pregunta por la esencia misma del lenguaje.
Los pájaros vocalizan. Los
simios gesticulan. Los delfines entienden ciertas órdenes. Los neardentales
tenían aparato fonétrico. Elementos todos ellos que, tomados por separado, son parte
esencial del lenguaje. Podríamos decir que el ser humano los tiene todos. O,
mejor aún, que tiene todas esas propiedades asociadas
a la facultad del lenguaje.
Hay poquísimas cosas en
las que estén de acuerdo todos los lingüistas. Una de las más aceptadas, sin
embargo, es que la propiedad más esencial y nuclear del lenguaje humano es la ‘recursividad’.
Como si de un juego de muñecas rusas se tratase, el mecanismo de la
recursividad nos permite encadenar elementos a un nivel sintáctico. Por
ejemplo:
1) La casa que está en la playa que se llena de turistas que visitan el pueblo que tiene una torre que parece un pez que...
Hasta el momento
presente se considera que las producciones ‘lingüísticas’ de un pájaro o de un
primate no tienen este mecanismo bien desarrollado y, por lo tanto, no
podríamos referirnos a sus actos comunicativos como ‘lenguaje’. La recursividad
permite abstraer, expresar ideas complejas, etcétera. Un lenguaje no-recursivo
es puramente referencial, instantáneo y funciona solamente ad hoc para el momento presente.
Biológicamente se
tiende a pensar que el lenguaje humano es una ‘casualidad’ evolutiva. Digamos
que se juntaron nuestra capacidad cognitiva para el simbolismo y la abstracción,
nuestro aparato fonétrico y nuestra capacidad recursiva para combinarse en un
objeto que, paradójicamente, siempre hemos visto como algo monolítico: el
lenguaje. Es muy posible que el lenguaje sea una combinación de elementos
biológicos que, por separado, estén presentes en otras especies.
Los pájaros usan la
recursividad para tejer sus nidos, por ejemplo. Una operación complicadísima
que, además, realizan con su pico. Y es muy posible que tengan este mecanismo más desarrollado que nosotros, porque en
la frase anterior de 1), rápidamente perdemos el hilo de lo que se nos estaba
contando. Un golpe más al antropocentrismo...

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