17 de febr. 2018

Los únicos animales que hablan

La recursividad en un disco de Pink Floyd

Los únicos animales que hablan somos nosotros, los seres humanos. Uno puede comunicarse con su perro (incluso mediante palabras), con un delfín o con un gato, pero consideramos que hablar es una propiedad exclusiva del homo sapiens. El por qué de ello nos lleva a la pregunta por la esencia misma del lenguaje.

Los pájaros vocalizan. Los simios gesticulan. Los delfines entienden ciertas órdenes. Los neardentales tenían aparato fonétrico. Elementos todos ellos que, tomados por separado, son parte esencial del lenguaje. Podríamos decir que el ser humano los tiene todos. O, mejor aún, que tiene todas esas propiedades asociadas a la facultad del lenguaje.

Hay poquísimas cosas en las que estén de acuerdo todos los lingüistas. Una de las más aceptadas, sin embargo, es que la propiedad más esencial y nuclear del lenguaje humano es la ‘recursividad’. Como si de un juego de muñecas rusas se tratase, el mecanismo de la recursividad nos permite encadenar elementos a un nivel sintáctico. Por ejemplo:
1) La casa que está en la playa que se llena de turistas que visitan el pueblo que tiene una torre que parece un pez que...
Hasta el momento presente se considera que las producciones ‘lingüísticas’ de un pájaro o de un primate no tienen este mecanismo bien desarrollado y, por lo tanto, no podríamos referirnos a sus actos comunicativos como ‘lenguaje’. La recursividad permite abstraer, expresar ideas complejas, etcétera. Un lenguaje no-recursivo es puramente referencial, instantáneo y funciona solamente ad hoc para el momento presente.

Biológicamente se tiende a pensar que el lenguaje humano es una ‘casualidad’ evolutiva. Digamos que se juntaron nuestra capacidad cognitiva para el simbolismo y la abstracción, nuestro aparato fonétrico y nuestra capacidad recursiva para combinarse en un objeto que, paradójicamente, siempre hemos visto como algo monolítico: el lenguaje. Es muy posible que el lenguaje sea una combinación de elementos biológicos que, por separado, estén presentes en otras especies.

Los pájaros usan la recursividad para tejer sus nidos, por ejemplo. Una operación complicadísima que, además, realizan con su pico. Y es muy posible que tengan este mecanismo más desarrollado que nosotros, porque en la frase anterior de 1), rápidamente perdemos el hilo de lo que se nos estaba contando. Un golpe más al antropocentrismo...

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