Dos aproximaciones. La
primera, introspectiva, y la segunda, materialista. Huizinga, filósofo
holandés, propone que las guerras (antes de la aparición de las armas de fuego
letales) eran una excusa para resolver conflictos de forma lúdica. Esta palabra tiene un sentido muy concreto, aquí: la puesta
en escena de una situación que debe ser resuelta mediante unos protocolos
preestablecidos. Harris, en cambio, habla de la guerra como una manera de
controlar la demografía y como causante del machismo. Veamos:
Johan Huizinga, Homo Ludens, 1938 (trad. Eugenio Imaz, 1972,
Alianza Editorial, pg. 110):
La lucha como función cultural supone siempre reglas limitadoras, y exige, en cierto grado, el reconocimiento de su carácter lúdico. (...) Hasta hace poco la guerra podía ser considerada en el aspecto de una función cultural, puesto que una comunidad reconocía a otra como humana, y con derechos y pretensiones a ser tratada humanamete, y se separaba claramente y de manera expresa –mediante una declaración- la guerra de la paz, por un lado, y de la violencia criminal, por otro.
pg. 122:
Las reglas de la guerra de igualdad jurídica recíproca, sus formas diplomáticas, la obligación recíproca de mantener los tratados y de declarar la guerra solemnemente, se equiparan, formalmente, a una regla de juego en la medida en que es reconocido el juego mismo, es decir, la necesidad de una convivencia humana ordenada.
Cf. Marvin Harris, Caníbales y reyes, 1977 (trad. Horacio
González Trejo, Alianza Editorial, 1987, Madrid, pg. 52):
Cualquier antropólogo puede nombrar una serie de pueblos “primitivos” que, según se informa, nunca hicieron la guerra. (...) Pero la mayoría de los cazadores-recolectores conocidos por los investigadores modernos llevan a cabo alguna forma de combate intergrupal en el cual los equipos de guerreros tentan deliberadamente matarse entre sí.
pgs. 53-4:
En mi opinión, la guerra es una práctica muy antigua (...). (En el paleolítico superior) los grupos generalmente inician el combate como consecuencia de una acumulación de agravios personales entre individuos influyentes.
pg. 63:
Como demostraré, la guerra afecta drásticamente a la cantidad de mujeres y, en consecuencia, ejerce un poderoso efecto en la reproducción humana.
pg. 66:
Se necesitaba una fuerza cultural muy potente para inducir a los padres a que descuidaran o mataran a sus propios hijos y una fuerza peculiarmente poderosa para lograr que mataran más a las niñas que a los niños. La guerra ofrece esta fuerza y esta motivación, en tanto que hizo depender la superviviencia del grupo de la crianza de varones preparados para las contiendas. (...) Los hombres se hicieron socialmente más valiosos que las mujeres y tanto unos como otras colaboraron en “eliminar” a las hijas con el fin de criar un máximo número de hijos.
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