20 de febr. 2018

Horacio

Amo te, ama me, de Alma Tadema

quid leges sine moribus?
 
¿De qué sirven las leyes sin un cambio en las costumbres? 
Horacio, Odas, III, 24, v. 35

Horacio se ha convertido en mi poeta latino favorito. Recuerdo haber leído en más de una ocasión cómo algunos latinistas lo tienen cruzado. Para ellos, el latín es la cosa más solemne e importante del mundo. Por eso prefieren siempre a Virgilio, un poeta serio, cristiano avant la lettre y de tema épico y guerrero. Ovidio, por otro lado, se ocupa de la mitologia y de los amores (temas sin duda mucho menos importantes al juicio de los latinistas), y Horacio... Horacio es irónico, es fino, delicado y ambiguo en ocasiones. Esto pone muy nerviosos a algunos profesores de latín. Quidquid latine dicitur altius esse videtur, decían los medievales: “cualquier cosa que digas en latín parece más solemne”. Horacio “rebaja” el latín y su seriedad. Hay gente que no puede con esto. Sin duda, ellos se lo pierden: Horacio es sensacional.

En tercero de carrera lo traduje. Es un autor complicadísimo, como ilustra la cita que encabeza esta entrada. Horacio es sintético, conciso y parco en las palabras: hay que interpretarlo constantemente. Literalmente, quid leges sine moribus? significa “¿Por qué (hay) leyes sin costumbres?”, pero la traducción castellana debe especificar el sentido de la frase. El latín de Horacio –el buen latín- es siempre seco, como ya dije tiempo ha. El griego, en cambio, es más fluctuante y disuelto. Si el griego es un vino o una cerveza, el latín es puro licor. Es intenso por definición. Preguntad a Tácito, si no.

Además de la dificultad formal, Horacio presenta otros problemas. Me refiero aquí a los referentes que cita constantemente, y que hemos perdido por completo. Todos tenemos en mente, más o menos, los dioses grecolatinos y sus nombres y atributos, pero ¿y los nombres de los vientos romanos, de los vinos, de las fuentes, de los peces? Horacio se nutre de todas estas cosas. Es complicado de entender incluso en traducción. Yo diría que necesitas un filólogo al lado para comprender bien Horacio.

Un buen colega mío me dijo hace unos años que los romanos reconocían a sus tres grandes poetas –Virgilio, Horacio, Ovidio- por la musicalidad de sus versos. Los filólogos clásicos estamos a años luz de conseguir esto. Nos dedicamos a analizar la métrica latina, cuando esto es algo que debería entrar por el oído mientras comprendemos el poema. Sé de sobras que Horacio ya era difícil para los romanos (¡cómo no va a serlo para nosotros!), pero, citándole a él mismo, post equitem sedet atra Cura: “tras el jinete cabalga la negra Disciplina”. Es decir, vale la pena esforzarnos para entender a Horacio. Yo llevo un tiempo haciéndolo y la recompensa no tiene precio. Es más relajante que una clase de yoga, y, ante todo, es precioso. Es una pura delicia.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.