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| Postal cubana |
Quienes hayan estado en
la isla paradisíaca de Cuba habrán visto los automóviles que circulan ahí. Son todo
coches americanos de los años cincuenta. La obligada autarquía tras la
revolución obligó a los cubanos a conservar sus coches de importación. Estados
Unidos no quería vender coches nuevos a Cuba, el enemigo aliado de la URSS, y
los cubanos tuvieron que especializarse en reparar ese tipo de coches.
Mis alumnos de latín
siempre se sorprenden cuando les explico que Newton o Descartes escribieron sus
obras en la lengua de los Césares. Sin embargo, todos asienten conmigo y dan
por hecho que, si siguieran cursando latín unos cuantos años, podrían leer los Principia de Newton sin demasiados
problemas. Este segundo hecho, no obstante, es mucho más sorprendente que el
primero.
El latín ha sido la
lengua de cultura en Europa desde la época de Jesucristo y hasta el siglo XIX,
donde empezó su declive como lingua
franca. El por qué es bastante sencillo. No es una cuestión de tradición,
ni de influencia eclesiástica, ni siquiera de nostalgia por el imperio romano. El
motivo es que el latín es una lengua congelada.
Los renacentistas congelaron el latín tomando como referente a
Cicerón. Así, desde el siglo XV, todas las obras escritas en latín imitarán el
estilo del famoso orador romano. Con ello se conseguía hacer inteligible todo el latín, y hacerlo para siempre. Si uno puede leer a
Cicerón, también es capaz de leer a Newton, Vesalio o Erasmo.
Los Principia de Newton serán inteligibles
para los latinistas del futuro que hayan estudiado latín clásico. Pero nuestros
libros, manuales académicos y artículos en inglés, no. No hace falta tener un
Máster en lingüística para ver que, de aquí a 400 años, el inglés habrá
cambiado bastante. Así, nuestra producción académica actual se irá volviendo incomprensible
con el tiempo.
El siglo XXI será el
siglo del inglés, o peor aún, de una
época en la historia del inglés. Exactamente igual que los mecánicos
cubanos, quienes nos quieran leer tendrán que especializarse en lengua inglesa
del siglo XXI. De otro modo, toda nuestra producción cultural será jeroglífica,
como poco.
Naturalmente a nadie le
importa esto por un motivo: la investigación, la ciencia o la cultura sólo
interesan en la medida en que aporten beneficios económicos inmediatos. Pero la
posteridad, estoy convencido, nos va a tratar bastante mal. Reparar coches
americanos tiene su gracia sólo hasta que puedes comprar coches nuevos. Tener
especialistas en inglés del s. XXI durará hasta que esta época quede retratada
como lo que realmente es: una de las más oscuras, insípidas y medievalizantes
de la era moderna.

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