Los niños miran al mundo con ojos que todavía no están entrenados para observar las cosas únicamente de acuerdo con las leyes de la física: los niños no son newtonianos por naturaleza.
Piaget estaría de acuerdo. Y quién
sabe si Jesús, cuando dice aquello de "dejad que los niños
se acerquen a mi" (Marcos 10, 14), no se refería también a
esto, remotamente.
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