Sea como fuese, empecé a dar clases en mi curso de métodos matemáticos en la física, y creo que también di clases en otro curso – electricidad y magnetismo, quizás. También traté de investigar. Antes de la guerra, mientras me sacaba la carrera, tenía muchas ideas: inventé nuevos métodos de hacer mecánica cuántica con integrales de caminos, y había muchas cosas que quería hacer.
En Cornell trabajaba preparándome los cursos, y solía visitar mucho la biblioteca a leer Las mil y una noches y a ojear a las chicas que pasaban. Pero cuando llegó el momento de hacer investigación, no me pude poner a trabajar. Estaba un poco cansado; no tenía interés; ¡no podía investigar! Esto siguió unos cuantos años, me parecía, pero cuando lo examino y calculo ahora, no pudo durar tanto. Quizás en estos días no pensaría que durase tanto, pero entones me pareció durar mucho. Simplemente, no podía ponerme con ningún problema: recuerdo haber escrito una o dos frases sobre algún problema de rayos gamma y después no poder seguir. Estaba convencido de que a causa de la guerra y todo lo demás (la muerte de mi mujer), había acabado muy quemado.
Recupero hoy esta cita
de la autobiografía de Feynman. Me leí el libro entero en segundo de carrera y me
pareció muy divertido. Estas palabras me impactaron entonces porque me sentía
en una situación muy similar, y últimamente me ocurre algo parecido.
He comentado ya alguna
vez por aquí que mi vida interior va, y ha ido siempre, en círculos. Quizás por
eso tengo períodos de bastante creatividad, y otros sin ella. El blog es un
reflejo de eso. Cuando acababa primero de carrera tenía mil proyectos in mente: acabar de leerme y estudiar
por mi cuenta la
segunda parte de Athénaze
(un manual de griego antiguo), hacer grabaciones en mp3 de vocabulario griego, escribir
dos artículos motu proprio sobre
poesía erótica griega y sobre el lenguaje formular en Hesíodo, etcétera. En
segundo, sin embargo, me sentí muy hastiado. Mis intereses pasaron a segundo
plano a causa de unas asignaturas mucho más exigentes que las del año anterior.
Me di cuenta de que sólo en vacaciones podía cultivar mis intereses.
![]() |
| Ludwig Deutsch, The scholars, 1901 |
Sin embargo, en aquél
momento no vi algo que sí que veo ahora: los intereses afloran en la medida en
que uno reciba estímulos externos. Durante la carrera tenía una barbaridad de
esos estímulos. Luego, por supuesto, hacía malabares para poder cumplir con las
exigencias académicas y seguir haciendo mis cosas, pero había algo divertido y
excitante en ese equilibrio. Ahora me tengo que buscar los estímulos
irremediablemente.
Ambas situaciones
tienen su encanto, huelga decir. Ahora no volvería a pasar por mis años de
universidad ni loco, pero recordándolos veo que fueron la época más intensa de
mi vida hasta el momento. Nietzsche hablaba del eterno retorno: vive tu vida de tal modo que no te arrepentirías de
ella si la tuvieses que volver a vivir en bucle y por toda la eternidad. Pues
bien, si volviera a nacer cien vieces, volvería a estudiar Clásicas cien veces.
Pero sólo una vez por vida, ¿eh?.

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