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| Mapa chino, 1790 |
Recuerdo haber leído en
un libro de pensamiento oriental que la palabra china para ‘cielo’ era tian, y uno de sus derivados más
productivos, tiansha, literalmente ‘lo
que hay bajo el cielo’, es decir, China. Todas las culturas han considerado, en
algún momento, ser el centro del mundo. También los griegos creían que el monte
Olimpo era el eje de la tierra.
Complementario a este
etnocentrismo, existe otra tendencia que podríamos llamar ‘cronocentrismo’ o ‘eonocentrismo’.
Creer, como siempre se ha creído, que la propia época es el punto culminante de
la historia humana. Que no queda nada por hacer, que vivimos ya en el futuro. La tecnología tiene su
papel en esta visión.
Los mitos griegos y la
tradición hinduista parten de la suposición opuesta: de la idea según la cual
la humanidad va empeorando con los
años. El mito hesiódico y ovidiano de las tres edades (de oro, de plata, de
bronce) lo ilustra bien. También la nostalgia que sentían permanentemente los
romanos por sus mores maiorum, ‘las
costumbres de los antepasados’.
El siglo XXI, con todos
sus defectos, parece haber atestado un golpe más o menos definitivo al
etnocentrismo. Pienso en cualquier corriente de pensamiento reciente y todas lo
hacen: el postmodernismo, el ecologismo, el feminismo. Puede que se trate del
inevitable movimiento pendular de la historia, y que esto haya surgido por
oposición a los nacionalismos del siglo XIX. Sin embargo, los nacionalismos (y
el Romanticismo, su indiscutible padre) hacían una cosa que nosotros hemos
olvidado.
Me refiero aquí a
combatir la idea del ‘cronocentrismo’. Los románticos añoraban la Edad Media o
la antigua Grecia con fervor. Nosotros nos hemos deshecho de algunos prejuicios
etnocéntricos pero nos negamos a pensar que vivimos peor que en el imperio romano, por ejemplo. De nuevo, la tecnología
tiene un papel en esta visión, pero es un gravísimo error medir la calidad de
vida tomando como único criterio los avances tecnológicos.
Todo ello me parece una
contradictio in terminis. Descartamos
el viejo cuento del hombre blanco, rico y superior que ha hecho la Historia
pero, en cambio, nos ponemos en la cúspide de la pirámide histórica. Quizás la
Historia, más que una pirámide, sea una rueda, y nuestra posición, algo
totalmente transitorio. Pero nos cuesta mucho desprendernos de la idea del
progreso por un motivo: el progreso existe a un nivel tecnológico, científico
como mucho, y nosotros lo medimos todo
con ese criterio. Al final, más que una contradictio
in terminis, puede que sea cosa de
una contaminatio de ideas... Dios nos
asista.
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