12 de maig 2018

La pirámide histórica

Mapa chino, 1790

Recuerdo haber leído en un libro de pensamiento oriental que la palabra china para ‘cielo’ era tian, y uno de sus derivados más productivos, tiansha, literalmente ‘lo que hay bajo el cielo’, es decir, China. Todas las culturas han considerado, en algún momento, ser el centro del mundo. También los griegos creían que el monte Olimpo era el eje de la tierra.

Complementario a este etnocentrismo, existe otra tendencia que podríamos llamar ‘cronocentrismo’ o ‘eonocentrismo’. Creer, como siempre se ha creído, que la propia época es el punto culminante de la historia humana. Que no queda nada por hacer, que vivimos ya en el futuro. La tecnología tiene su papel en esta visión.

Los mitos griegos y la tradición hinduista parten de la suposición opuesta: de la idea según la cual la humanidad va empeorando con los años. El mito hesiódico y ovidiano de las tres edades (de oro, de plata, de bronce) lo ilustra bien. También la nostalgia que sentían permanentemente los romanos por sus mores maiorum, ‘las costumbres de los antepasados’.

El siglo XXI, con todos sus defectos, parece haber atestado un golpe más o menos definitivo al etnocentrismo. Pienso en cualquier corriente de pensamiento reciente y todas lo hacen: el postmodernismo, el ecologismo, el feminismo. Puede que se trate del inevitable movimiento pendular de la historia, y que esto haya surgido por oposición a los nacionalismos del siglo XIX. Sin embargo, los nacionalismos (y el Romanticismo, su indiscutible padre) hacían una cosa que nosotros hemos olvidado.

Me refiero aquí a combatir la idea del ‘cronocentrismo’. Los románticos añoraban la Edad Media o la antigua Grecia con fervor. Nosotros nos hemos deshecho de algunos prejuicios etnocéntricos pero nos negamos a pensar que vivimos peor que en el imperio romano, por ejemplo. De nuevo, la tecnología tiene un papel en esta visión, pero es un gravísimo error medir la calidad de vida tomando como único criterio los avances tecnológicos.

Todo ello me parece una contradictio in terminis. Descartamos el viejo cuento del hombre blanco, rico y superior que ha hecho la Historia pero, en cambio, nos ponemos en la cúspide de la pirámide histórica. Quizás la Historia, más que una pirámide, sea una rueda, y nuestra posición, algo totalmente transitorio. Pero nos cuesta mucho desprendernos de la idea del progreso por un motivo: el progreso existe a un nivel tecnológico, científico como mucho, y nosotros lo medimos todo con ese criterio. Al final, más que una contradictio in terminis, puede que sea cosa de una contaminatio de ideas... Dios nos asista.


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