15 de des. 2018

La sublimación de lo bárbaro (y el valor de Grecia)

Penteo descuartizado

La primera vez que vi esta cerámica estaba en segundo año de carrera. A priori me fijé en algunos detalles, obviando la escena retratada: las minuciosas líneas de los vestidos, el contraste entre el naranja y el negro, las reducidas dimensiones de la pieza que hacían de su dibujo una obra de precisión y paciencia. La hierática expresión de sus protagonistas femeninas parecen escondernos la escena entera, de cuyo horror me percaté poco después: un rey, Penteo, es descuartizado vivo por las bacantes, entre las que se encuentra su propia madre.

La cerámica está inspirada en las Bacantes de Eurípides, naturalmente, y es una bonita metáfora de lo que supone la cultura de la Grecia arcaica para quienes nos hemos acercado a ella. Una civilización sublime que no olvida el terreno barbárico y brutal en el que arraiga. Un sustrato crudo que los mitos nos retratan para que no lo olvidemos.

Una vez dije que los mitos griegos nos apartan cortinas que no veíamos para enseñarnos lo que tampoco queremos ver de ningún modo. Me parece una reflexión acertada. Este escenario descubierto por sorpresa nos molesta, como poco, porque esconde nuestra esencia más natural (por oposición a la cultural) y primitiva. Naturalmente, los griegos se encargaron de revestirlo de detalles, de nombres, de fantasía: lo hicieron suyo.

Para mí, el valor de Grecia no consiste tanto en este revestimiento cultural, lingüístico o mítico de los estados y situaciones primitivas, sino en toda la estructura que consiguieron crear partiendo de éstas y sin perderlas de vista. Una sabiduría ancestral que nos invita a conocernos a nosotros mismos, a saber que el ser humano es la medida de todas las cosas, y para la cual la felicidad es la buena relación con nuestro dáimon particular.

Una cultura humanizante que nos advierte de la imparable rueda de la fortuna: la riqueza y la pobreza van siempre juntas, igual que el placer y el dolor extremos. Es la enantiodromía de Heráclito, la ‘carrera de los opuestos’, con unas fuertes resonancias psicológicas: de ahí su amor a la moderación. Porque ahí donde hay un exceso, los dioses –nuestra(s) personalidade(s) en potencia- nos miran con recelo... todavía hoy.

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