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| Penteo descuartizado |
La primera vez que vi
esta cerámica estaba en segundo año de carrera. A priori me fijé en algunos detalles, obviando la escena retratada:
las minuciosas líneas de los vestidos, el contraste entre el naranja y el
negro, las reducidas dimensiones de la pieza que hacían de su dibujo una obra
de precisión y paciencia. La hierática expresión de sus protagonistas femeninas
parecen escondernos la escena entera, de cuyo horror me percaté poco después:
un rey, Penteo, es descuartizado vivo por las bacantes, entre las que se
encuentra su propia madre.
La cerámica está
inspirada en las Bacantes de
Eurípides, naturalmente, y es una bonita metáfora de lo que supone la cultura
de la Grecia arcaica para quienes nos hemos acercado a ella. Una civilización
sublime que no olvida el terreno barbárico y brutal en el que arraiga. Un
sustrato crudo que los mitos nos retratan para que no lo olvidemos.
Una vez dije que los
mitos griegos nos apartan cortinas que no veíamos para enseñarnos lo que
tampoco queremos ver de ningún modo. Me parece una reflexión acertada. Este
escenario descubierto por sorpresa nos molesta, como poco, porque esconde
nuestra esencia más natural (por oposición a la cultural) y primitiva.
Naturalmente, los griegos se encargaron de revestirlo de detalles, de nombres,
de fantasía: lo hicieron suyo.
Para mí, el valor de
Grecia no consiste tanto en este revestimiento cultural, lingüístico o mítico
de los estados y situaciones primitivas, sino en toda la estructura que
consiguieron crear partiendo de éstas y sin perderlas de vista. Una sabiduría
ancestral que nos invita a conocernos a
nosotros mismos, a saber que el ser
humano es la medida de todas las cosas, y para la cual la felicidad es la buena relación con nuestro dáimon particular.
Una cultura humanizante
que nos advierte de la imparable rueda de la fortuna: la riqueza y la pobreza
van siempre juntas, igual que el placer y el dolor extremos. Es la enantiodromía de Heráclito, la ‘carrera
de los opuestos’, con unas fuertes resonancias psicológicas: de ahí su amor a
la moderación. Porque ahí donde hay un exceso, los dioses –nuestra(s)
personalidade(s) en potencia- nos miran con recelo... todavía hoy.

Felicitats
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