19 de jul. 2018

Citas para uno mismo

Hemos socializado, compartido y hecho pública nuestra vida privada en las redes hasta tal punto que ésta sólo cobra sentido si es vista, compartida y aprobada por mucha gente. Esto, sumado a la era de la imagen y la tecnología, nos ha dado una época superficial y vana. Es posible que todas las épocas hayan sido más o menos superficiales y vanas, pero todas ellas se han buscado un pequeño refugio interior y privado. Desconozco dónde encontrar tal cosa hoy en día, si no es aquí.

Un renacentista se hubiese alarmado de que tener muchos lectores, o “visitantes”, fuese algo bueno y deseable. Un enciclopedista de la Ilustración, no tanto. Pero el sueño ilustrado de tener un vulgo leído y culto se ha vuelto borroso, lejano y risible. Internet nació como una posible panacea para cumplirlo, pero lo hemos hecho fracasar entre todos. Supongo y fantaseo con que ha seguido el recorrido de la imprenta: se empezó por imprimir la Biblia, libros de ciencia o literatura, y se acabó por imprimir, pongamos, novelas de vampiros. De un modo análogo, la televisión de los años setenta no tenía nada que ver con la que vendría en los años noventa.

Yo no escribo para el gran público, ni siquiera para un público pequeño; escribo para mí y para las Musas (ταῖς μούσαις καὶ ἐμαυτῷ), citando a Juliano el Apóstata. Por ello necesito, como mucho, la aprobación de mi yo futuro, a quien conozco y puedo prever sólo en parte. Esto me da libertad, pero ante todo, me infunde respeto, un sentido del pudor innegociable y la obligación moral de que haya,
Montaigne
aquí, un mínimo de calidad, siempre según mi criterio. Por eso mi blog no es un magnum opus, pero sí un opus honesto.

El Secretum de Petrarca, las Meditaciones de Marco Aurelio o los Ensayos de Montaigne iban en la misma dirección. Estoy a años luz de mis maestros, por supuesto, pero creo comprenderles un poco. Sobre todo, por usar el mecanismo por excelencia de la tradición intelectual en Occidente: la cita. Josep Pla, preguntado por su opinión sobre Montaigne, dijo que le parecía un grandísimo escritor pero que lo entorpecían sus constantes citas clásicas. Sin embargo, creo entender perfectamente a Montaigne cuando las intercalaba en sus ensayos.

No sólo es difícil decir algo nuevo en este mundo: me parece impúdico el solo hecho de pensar que uno puede hacerlo. La cita es siempre garantía de honestidad intelectual; en ningún caso de soberbia. Pero además, citar ayuda a inserir nuestra herencia dentro de un discurso propio. Montaigne debía de recordar mejor a los clásicos después de citarlos cuando tocaba. Una enciclopedia total es un libro frío y objetivo: pero una selección parcial es un libro personal y subjetivo, y eso tiene un gran valor para uno mismo. Es como hacer tu propio diccionario, un collage razonado con tus referentes.

Personalmente, encuentro algo placentero en ver que alguien ha dejado escrito pensamientos o experiencias que yo había vivido y sentido como privadas y propias. Muchos subrayados nacen de ahí, y mi blog son, sobre todo, subrayados varios en papel. Mi biblioteca me lo agradece, estoy convencido.

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