Los contrarios son lo mismo por la virtud de constituir un sistema de conexiones: vivo-muerto, despierto-durmiente, joven-viejo. Los sujetos no poseen propiedades incompatibles al mismo tiempo, sino en momentos distintos.
Cf. José Ortega y
Gasset, “Tierras de Castilla: Notas de andar y ver”, en El Espectador, 1916-1934 (ed. Salvat, 1969, Madrid, pg. 28):
Ahora bien: las gentes suelen mostrarse demasiado presurosas en decidirse por lo mejor: olvidan que cada acto de preferencia abre, a la vez, una oquedad en nuestra alma. No, no prefiramos; mejor dicho, prefiramos no preferir. No renunciemos de buen ánimo a gozar de lo uno y de lo otro; religión y ciencia, virtud y placer, cielo y tierra... Cierto que hasta ahora no se han resuelto las antítesis; pero cada hombre debe pensar que es él el llamado a resolverlas.
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