19 de jul. 2018

Una Ilustración imposible

José Ortega y Gasset, “Ideas sobre Pío Baroja”, X, en El Espectador, 1916-1934 (ed. Salvat, 1969, Madrid, pgs. 51-52):
La humanidad renacentista experimentaba un sentimiento muy diverso. Tenía la impresión de que las ideas y las normas morales de la Edad Media eran falsas y un ímpetu de renovación la proyectaba sobre una nueva vida. Hoy, por el contrario, presentimos que en gran parte nuestra ciencia es ciencia verdadera y nuestra moral también. Pero nos dejan fríos, no irrumpen dentro de nosotros ni nos arrebatan. Diríase que han perdido el contacto inmediato con los nervios del individuo y que entre ellas y nuestro corazón hay una larga distancia vacía.

Estoy consagrando este inicio de verano a la lectura de El espectador. Pocos autores han resonado tanto dentro de mí como Ortega y Gasset. Encuentro en él muchas ideas que yo había sentido a priori, y mi ejemplar está subrayado a lápiz cada cuatro o cinco páginas.

Este pasaje es especialmente interesante. A mi entender nos habla de la imposibilidad de un sentir único entre la sociedad, ilustrada o no. Del fin de los movimientos, de los ismos, ya a mediados de siglo XX. Una nueva Ilustración, un nuevo Renacimiento, me parecen francamente difíciles de acontecer también a mí.

Los motivos son pocos pero claros. Por un lado, quienes influyen en la sociedad ya no forman parte de ninguna élite intelectual, porque este mismo concepto ha sido devaluado, criticado y vilipendiado -Ortega y Gasset, por cierto, se refería a esto como plebeyismo en otro ensayo-. Presumir de tener capital cultural es ya también clasista. Hace cien años, el clasismo se basaba únicamente en el capital económico.

Pero además, el hogar, el hábitat natural de estas élites, ha sido siempre la universidad. Institución que se ha convertido en una pieza más en la cadena de montaje de los trabajadores óptimos y eficaces. Las Humanidades, la única rama del saber donde existe el pensamiento crítico de facto, no tienen cabida en esta cadena, ergo las facultades de letras caen en el academicismo –pues formar trabajadores óptimos y eficaces para la Academia sí que es rentable- sin intención alguna de repercutir en la sociedad. Y ésta sería, precisamente, la única vía hacia una nueva Ilustración.

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