Non est itaque quod quemquam propter canos aut rugas putes diu vixisse; non ille diu vixit, sed diu fuit.
No creas, así pues, que uno ha vivido muchos años por tener canas o arrugas: no ha vivido mucho, sino que ha existido mucho.
Séneca, Sobre la brevedad de la vida, VII, 9.
Cf. Henry David
Thoreau, Walden, 1854 (trad. Marcos Nava
García, 2017, Madrid, pg. 33):
Se podría dudar incluso de que el más sabio de los hombres, por el mero hecho de vivir, haya aprendido algo con valor absoluto. En la práctica, los ancianos no pueden dar consejos demasiado importantes a los jóvenes, porque sus propias experiencias han sido parciales y sus vidas han resultado miserables fracasos –siempre por razones coyunturales, según creen ellos-.
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