12 de jul. 2018

Una cultura en vídeo

La filología clásica, la ciencia que estudia los textos clásicos, sentó sus bases en el siglo XV dando lugar en muy poco tiempo a un momento de esplendor artístico, científico y literario nunca visto antes, el Renacimiento. Una de las ideas principales de esta ciencia era que el estudio de los textos clásicos nos ponía en contacto con los valores estéticos y morales más elevados que había conocido la humanidad. Por eso, antes de filología, esta ciencia había recibido nombres como Humanismo o Litterae Humaniores.

Hay una idea muy sutil tras hacer del estudio de los textos, clásicos o no, una auténtica ciencia: la suposición implícita de que el conocimiento o el arte se transmiten y conservan mediante la tecnología de la escritura. De que la escritura no tiene rival para conservar una cultura y sus producciones. Incluso muchos historiadores insisten hoy en que las fuentes escritas tienen prioridad para estudiar el pasado –provocando, naturalmente, la suspicacia de los arqueólogos, quienes lidian con las fuentes materiales-.

Un antropólogo le diría a un filólogo que la transmisión cultural no se hace mediante la escritura, sino mediante los seres humanos. Madres, padres, maestros, profesores, y un (casi) infinito etcétera de personas se ocupan de inculcar en cada nueva generación los valores, conocimientos y artes de la suya, la anterior. Sin esto, de poco o nada sirve la escritura.

A pesar de estas objeciones, la filología tiene sentido porque es, precisamente, la única garantía de la transmisión cultural que le queda a una civilización cuando fallan las personas. Sin la escritura nunca hubiese habido un Renacimiento, y precisamente, la filología nació entonces para evitar una nueva Edad Media.

Hoy en día, la escritura tiene ya un serio competidor para la conservación y la transmisión cultural: el vídeo. Youtube se ha comido a blogger, a las librerías, a las bibliotecas –o, para ser más exactos, youtube se lo ha comido todo-. Quizás dentro de unos años tengamos especialistas en la interpretación y depuración del contenido de los vídeos, “filólogos de los vídeos”. Lo desconozco. Sólo espero que, cuando aparezca esta nueva ciencia, surja con ella otro Renacimiento. De lo contrario, se habrá demostrado que la escritura no tiene, ni tendrá nunca, rival para conservar nuestras producciones culturales más preciadas.

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