Humillados por el arte
José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte, 1925 (en La deshumanización del arte y otros ensayos
de estética, 1987, Madrid, Austral, pgs. 50-51):
A mi juicio, lo
característico del arte nuevo, “desde el punto de vista sociológico”, es que
divide al público en estas dos clases de hombres: los que lo entienden y los
que no lo entienden. Esto implica que los unos poseen un órgano de comprensión
negado, por tanto, a los otros; que son dos variedades distintas de la especie
humana. El arte nuevo, por lo visto, no es para todo el mundo, como el
romántico, sino que va desde luego dirigido a una minoría especialmente dotada.
De aquí la irritación que despierta en la masa. Cuando a uno no le gusta una
obra de arte, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no ha lugar a
la irritación. Mas cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se ha
entendido, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su
inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí
mismo frente a la obra. (...)
Durante siglo y medio
el “pueblo”, la masa, ha pretendido ser toda la sociedad. La música de
Stravinsky o el drama de Pirandello tienen la eficacia sociológica de obligarle
a reconocerse como lo que es, como “sólo pueblo”, mero ingrediente, entre otros,
de la estructura social, inerte materia del proceso histórico, factor
secundario del cosmos espiritual. Por otra parte, el arte joven contribuye
también a que los “mejores” se conozcan y reconozcan entre el gris de la
muchedumbre y aprendan su misión, que consiste en ser pocos y tener que
combatir contra los muchos.
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| Kandinsky, Composición 6 |
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