16 de març 2019

Innovar o conservar

Un antiguo profesor mío de lingüística me decía que las ciencias se pueden dividir, de entre muchas otras formas, entre las eliminativas y las acumulativas. Es decir, entre aquellas disciplinas en que la bibliografía nueva va sustituyendo a la bibliografía antigua (medicina, lingüística...), y entre aquellas en que toda la bibliografía nueva complementa a la antigua, que sigue siendo más o menos válida (filología, historia...). En su momento lo encontré muy cierto y agudo.

Hoy me gustaría proponer una distinción yo mismo, que complemente a esta inicial: la distinción entre ciencias innovadoras y ciencias conservadoras. O, mejor dicho, entre científicos innovadores y científicos conservadores. Los primeros son aquellos que necesitan constantemente ‘nuevas ideas’ para hacer avanzar su disciplina. La física sería un buen ejemplo, según nos cuenta Richard Feynman en este vídeo.

Los segundos son quienes se llenan de humildad y se dan cuenta de que su aspiración máxima en este
Richard Feynman
mundo es poner un minúsculo granito de arena en la ciencia. Los botánicos o los filólogos son claros ejemplos de esto. Su función es conservar una tradición intelectual, que es quien se lleva el protagonismo en su lugar. Son conservadores en un sentido técnico y profesional del término, porque se dedican a preservar y a complementar su disciplina de una forma mínima pero trabajosa. Las grandes ideas les son extrañas e inservibles. Si el científico innovador es una ave que hace un zoom out con su vuelo, el científico conservador es una hormiga que hace un zoom in con su trabajo preciso, constante, focalizado y detallista.

Uno puede objetar que pueden convivir ambos científicos en una misma disciplina. Yo lo dudo. Creo que hay disciplinas, grosso modo, sólo aptas para las aves y otras sólo aptas para las hormigas. Naturalmente, en la mayoría de casos se corresponderán con la distinción inicial que me comentó mi profesor de lingüística años ha.

Hay una última cosa que vale la pena comentar: el prestigio social de las ciencias, y en particular de cada ciencia, va un poco relacionado con esto. Nuestra era digital prioriza el momento presente y romper con la tradición por el mero hecho de serlo; la cultura del esfuerzo se ha ido difuminando por culpa del capitalismo, que la ha desechado por no serle ya útil; en este contexto, el trabajo de las aves, de los científicos innovadores, suele resultar más atractivo socialmente. Personalmente, siempre he envidiado a la lengua inglesa por tener la palabra scholar, mal traducida al castellano como académico, cuando realmente indica el trabajo del científico conservador que he expuesto. Quizás ahora habría que buscar otra palabra para los innovadores...

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