19 de març 2019

Un culto enfermizo

Una reflexión breve: la salud se ha convertido en una divinidad a la que adorar desde hace ya unos quince años. Nos obsesiona estar sanos, y como esto puede ser fácilmente convertido en algo muy rentable, la moda sigue y seguirá. No seré yo quien diga que la salud no es importante, pero me gustaría barajar una idea sobre el origen de este culto reciente.

Philippe de Champaigne,
Bodegón con calavera
En mi opinión, el culto a la salud es el hijo (más o menos bastardo) de las ideologías comunista y capitalista. El comunismo, y más concretamente el marxismo-leninismo, su padre ideológico, defiende una visión materialista de la existencia humana. Para no entrar en detalles, sólo diré que es una idea -radicalmente atea en su esencia- que explica los sucesos y estructuras sociales, vitales, políticos, etcétera, como productos, no de un Dios ni de un ‘espíritu’ humano o nacional, sino de la pura economía. Los marxistas, y esto debería reconocerlo todo el mundo, se empeñan en mejorar o cambiar las condiciones materiales de la humanidad, porque para ellos esto es todo cuanto tenemos.

El capitalismo ha sido, históricamente, más proclive a la religión (cristiana, por lo que aquí nos concierne). Sin embargo, el culto a la salud es un claro ejemplo de un capitalismo más ateo, donde la muerte es el tabú por excelencia. Así, hemos tomado el presupuesto materialista y marxista de la existencia para comercializar y hacer negocio con ella. Si ya no somos seres espirituales en un tránsito humano, sino seres humanos sin ningún tránsito espiritual, todo lo que tenemos es esta vida, y al sistema le conviene muchísimo que la conservemos bien. La causa de esto me parece tan irónica como evidente: los muertos ya no se gastan el dinero.

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