Una reflexión breve: la
salud se ha convertido en una divinidad a la que adorar desde hace ya unos
quince años. Nos obsesiona estar sanos, y como esto puede ser fácilmente
convertido en algo muy rentable, la moda sigue y seguirá. No seré yo quien diga
que la salud no es importante, pero me gustaría barajar una idea sobre el
origen de este culto reciente.
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Philippe de Champaigne,
Bodegón con calavera |
En mi opinión, el culto
a la salud es el hijo (más o menos bastardo) de las ideologías comunista y
capitalista.
El comunismo, y más concretamente el marxismo-leninismo, su padre ideológico, defiende
una visión materialista de la existencia humana. Para no entrar en detalles,
sólo diré que es una idea -radicalmente atea en su esencia- que explica los sucesos
y estructuras sociales, vitales, políticos, etcétera, como productos, no de un
Dios ni de un ‘espíritu’ humano o nacional, sino de la pura economía. Los
marxistas, y esto debería reconocerlo todo el mundo, se empeñan en mejorar o
cambiar las condiciones materiales de la humanidad, porque para ellos esto es todo cuanto tenemos.
El capitalismo ha sido,
históricamente, más proclive a la religión (cristiana, por lo que aquí nos
concierne). Sin embargo, el culto a la salud es un claro ejemplo de un capitalismo
más ateo, donde la muerte es el tabú por excelencia. Así, hemos tomado el
presupuesto materialista y marxista de la existencia para comercializar y hacer negocio
con ella. Si ya no somos seres espirituales en un tránsito humano, sino seres
humanos sin ningún tránsito espiritual, todo lo que tenemos es esta vida, y al sistema le conviene
muchísimo que la conservemos bien. La causa de esto me parece tan irónica como
evidente: los muertos ya no se gastan el dinero.
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