El arte de Safo, como el de Alceo, se individualiza por su carácter directo. Pero mientras que éste nos presenta arsenales y banquetes, otro mundo nos habla a través de Safo. Aquí, el sentimiento lo es todo, y nos enteramos de sus cambios, su fuerza y su profundidad en forma tan inmediata como si no existiese el elemento intermedio artístico-técnico que inevitablemente debe atravesar para alcanzarnos. Hemos visto que es propia de Safo una gran capacidad para la autoobservación, y frecuentemente su comportamiento en una situación pasada se convierte en el objeto de su poesía. Pero aun allí, ni por un momento la vivacidad y calor del sentimiento ceden a la fría reflexión. Su lenguaje es sencillo; llano y esencial es cada verso. Hace un uso restringido del lenguaje homérico, y cuando aparece, suele ser en los poemas dactílicos, pero difícilmente como un mero adorno del lenguaje. La acentuada determinación de esta poesía por el sentimiento corresponde en lo formal a la musicalidad del lenguaje, que se manifiesta sobre todo en el juego de las vocales. La construcción de sus proposiciones, que siempre es muy sencilla, trasmana la misma musicalidad. Todo da la impresión de ser un producto de la naturaleza.
A pesar de no ser un
gran acólito del manual de Lesky, confieso que estas líneas sobre la poesía de
Safo me parecen magistrales. Safo es una de las autoras que más ganan leídas en
el original griego, y que más pierden en traducción. Alguien podría opinar que
vale la pena aprender griego sólo para apreciar bien a Safo, y yo estaría de
acuerdo.
Me gustaría
complementar estas líneas del crítico austríaco con una pequeña reflexión
personal. Cada vez que leo a Safo me invade una sensación única, que no percibo
con los demás poetas clásicos: es una impresión de trascendencia. Creo que Safo
sabía, o sospechaba, que su mundo –el
mundo clásico- se acabaría algún día. Y creo, y esto es totalmente subjetivo,
que parte de su poesía es un esfuerzo por dejar constancia de que ella, sus
amantes, amigas, familiares, etcétera, vivieron,
y además vivieron intensamente. Nótese que esto es todo lo opuesto a la
actitud, por ejemplo, de un Tucídides, quien afirma haber escrito un “bien para
la eternidad” (κτῆμα ἐς ἀεί, ktema
es aeí), como si su obra tuviera que mantenerse siempre presente, leída y
de interés global.
Naturalmente, Safo es
mucho más intimista porque el género lírico se presta a ello, ya de raíz, mucho
más que el historiográfico. Si Tucídides escribe sobre el exterior, Safo escribe
sobre su interior. A nosotros nos parece lo más normal del mundo leerla, pero
vale la pena detenernos y apreciar el milagro. El milagro de poder entrar en el
corazón de una griega de hace 2.700 años. Un corazón que es muy similar al
nuestro, y que por eso nos emociona todavía.
Safo cumplió su
propósito. La posteridad no la ha olvidado. El puro espejo sentimental que es
su poesía nos conmueve por dos motivos opuestos: uno, porque nosotros, como
decía, no hemos cambiado apenas respecto a ella; dos, porque su mundo, el mundo
clásico, ya no está entre nosotros. Y nunca lo volverá a estar –por lo menos,
no literalmente. Poder adentrarse en él y comprobar que nuestras pasiones
actuales seguían intactas ahí es producto de la más pura magia.
![]() |
| Safo, Charles Gounod |

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.