25 de març 2019

La posteridad

Fotograma de Farenheit 451 (1966)

Uno nunca sabe cómo le va a tratar la posteridad. Flegón de Trales, por ejemplo, escribió muchísimo, pero sólo conservamos de él un libro de fenómenos paranormales y de abuelos centenarios en el mundo clásico. De Menipo tampoco no nos ha llegado nada, pero sabemos que escribió, entre otras obras, una Nigromancia, unas Cartas entre los dioses y unas Réplicas a los maestros y a los matemáticos. Unas pérdidas inestimables, desde luego.

Es posible que, con la impremta, tengamos la posteridad garantizada. Gibbon así lo creía; véase Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Londres, 1776-1788 (trad. Carmen Francí, Barcelona, 2010, pg. 578):
Consuela saber que una parte inestimable de nuestros tesoros clásicos estaba ya depositada en Italia y que los mecánicos de una ciudad germana habían inventado un arte que se burla de los estragos del tiempo y la barbarie.
Personalmente, yo creo que ninguna obra literaria tiene la posteridad garantizada, pero éste es un tema demasiado espeso e importante para tratarlo un lunes soleado como el de hoy.

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