25 de març 2019

Una frontera delicada

Nymphaea alba

Hace ya algún tiempo que tengo una extraña impresión. O, mejor dicho, me siento extraño cada vez que tengo esa impresión. Hay algunas, poquísimas, piezas de arte que oscilan muy delicadamente entre la absoluta belleza y la absoluta tristeza. Y dependiendo de cómo se sienta uno en el interior, predominará uno u otro tono. Son piezas etéreas, exquisidamente ambiguas, con las que uno no sabe si llorar o entrar en un enrarecido éxtasis. Son, en pocas palabras, obras maestras.

Dos ejemplos. Uno es una película chipriota que tuve la enorme suerte de ver ayer, en Barcelona. Se llama ‘La bala dentro de mí’ (2018), en inglés The Bullet within. Una auténtica delicadeza con un final antológico, extraño, entre sumamente bello y sumamente triste que, naturalmente, no voy a desvelar.

El segundo ejemplo es esta canción instrumental de Hiroshi Yoshimura, titulada Ogawa Ni Sotte. Me transporta a un jardín bello pero muy extraño, conocido remotamente como puro déjà vu, un jardín de infancia, o un jardín del temido más allá. No sabría explicarlo, pero está justo en esta frontera de la que hablo. Entre el bello y el triste absolutos.

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