Los templos de la Grecia clásica habían estado todos pintados. En el foro de Roma, uno de sus edificios más bellos presenta todavía rastros de púrpura de Tiro. Y, sin ir tan lejos, en las iglesias y campanares de la Italia moderna vemos bandas alternadas de piedra blanca y negra que les dan el aspecto de una zebra gigantesca. El origen de esta decoración “arabesca” parte de uno de los principios del islam. Los musulmanes, como su ley les prohibía decorar las mezquitas con estatuas y pinturas, las sustituyeron por citas del Corán y por inscripciones –“metafísica plástica”- de una extraordinaria complicación. Su alfabeto se prestaba a ello, y de ahí nació seguramente la variedad casi inimaginable de filigranas, incrustaciones, arabescos y florituras geométricas donde la mirada se pierde con placer.
30 de març 2019
Metafísica plástica
Sir Richard Francis
Burton, Relato personal de una
peregrinación a Medina y a la Meca, 1855-6, Londres (ed. Quaderns Crema,
2003, pg. 111, traducción mía a partir del catalán):
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